LA PASIÓN DE LA LUZ: DOLOROSA DE PABLO ESPINOSA

@JoseMariaCamara

San Juan (19,25) nos recoge uno de los momentos teológicos más importantes de la figura de la Santísima Virgen María. Así, el Discípulo Amado recoge en las Sagradas Escrituras el Stabat Mater de la siguiente manera: “Estaba la dolorida Madre llorando al pie de la cruz, mientras su hijo pendía”. Partiendo de esta configuración de María en el Calvario, Francisco Salzillo realiza, más o menos entre 1765 y 1775, según estudios de Cristóbal Belda, la Dolorosa al pie de la Cruz para el Monasterio de San Juan de la Penitencia de Orihuela, igualmente, y de manera casi coetánea, llega a Tobarra la Dolorosa. Esta vez a través de la intercesión de los religiosos franciscanos, muy presentes tanto en esta localidad como en la cercana Hellín. Es esta Dolorosa, según el autor de la obra que nos ocupa, el espejo en el que se mira para realizar, digamos, su primera gran obra, aunque para un oratorio particular de Aledo (Región de Murcia) y no para una cofradía, como si será un ángel para la Venerable, Antigua y Penitencial Cofradía del Santísimo Cristo de la Sangre (Albacete) que verá la luz en la próxima cuaresma.

Pablo Espinosa, pese a su clara convicción de alejarse de la línea salzillesca y buscar su camino propio en la escultura, al igual que lo hizo su maestro, Hernández Navarro, acepta este encargo y recurre a los estereotipos que Salzillo propugnó en el S. XVIII y que, a lo largo del tiempo, casi llegando hasta la actualidad, han ido siguiendo tantos y tantos escultores murcianos. El joven escultor de Mula nos presenta a María al pie de la Cruz, lo que popularmente se conoce como el Stabat Mater. A diferencia del simulacro que Salzillo realiza para Orihuela, y siguiendo la obra que Aniceto Marinas realiza para Segovia en 1930, nos presenta a María junto a la Cruz tras haber sido descendido el cuerpo inerte de Cristo. Dentro del conjunto podemos ver cómo, en un alarde de creatividad, Pablo nos muestra un cráneo perfectamente definido y tallado, en clara referencia al monte donde Cristo fue crucificado, el Gólgota, o Monte de la Calavera. Junto a esta, y en un plano más cercano al espectador, nos presenta los elementos del martirio de Cristo, tales como la corona, los clavos y el INRI, todos ellos policromados con delicadas líneas a imitación de la Preciosísima Sangre de Cristo. El conjunto se dispone sobre un montículo que sirve de soporte al grupo. Alcanzando los 60 centímetros de altura.

La imagen está realizada en barro policromado al óleo, mientras que la peana está decorada con la técnica del marmoleado, con oro tanto para la parte inferior como la superior. La imagen se nos presenta ataviada con los colores que tradicionalmente, gracias a los postulados de Salzillo y Pacheco, se utilizan para representar a las dolorosas, esto es: rojo para la saya interior y azul para el manto. La imagen aparece tocada con una aureola, al igual que el prototipo de Dolorosa murciana que Salzillo realiza en  1755 para la Cofradía de Jesús de Murcia, vulgo, Los Salzillos. La obra, como bien hemos señalado anteriormente, está realizada para la devoción particular de una familia de Aledo, en Murcia. Población que, entre su patrimonio, cuenta con una de las últimas Dolorosas que Salzillo realizó a lo largo de su trayectoria.

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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