@JoseMariaCamara
Un vuelo cualquiera con destino a Irlanda. Pedro escucha en sus auriculares su marcha de cabecera. Mientras suenan los compases de ‘‘¡Victoria! recuerda con nostalgia los días vividos. El volver a la tierra, al origen, es un alivio en su vida de lejanía y añoranza. Mira y remira la galería de su iPhone y recuerda que todo merece la pena por volver a procesionar con ‘’La Sentencia’’ en la mañana de Viernes Santo. Mientras, en un piso de Burgos, en la Calle Lavaderos, Pablo piensa que menos mal que la Semana Santa ha terminado. El no volver a la tierra por Semana Santa es una cruz que él, por primera vez en su vida, ha tenido que sufrir. 349 días apenas son eso, días en el calendario, pero también son miles de motivos por los que luchar, soñar y vivir, lo cual no es poco. El próximo año ellos volverán, como todos los que estuvimos. Ahora, cuando ya solo nos quedan las galerías de fotos, las redes sociales y el chirriar de las ruedas de los coches al pisar la cera, llega el momento de hacer balance de la Semana Santa que se ha ido, la de 2026. Al igual que el año pasado, iremos directos al grano y pondremos luz y taquígrafos a lo vivido. Nada de peloteos ni secretos, porque, como dijo Unamuno: ‘’Fundamentalmente no soy más que palabra, el no hablar es morir’’. Hablemos, pues.
El DÍA. Lunes Santo, sin lugar a dudas, fue el epicentro de la Semana Santa de Cieza 2026. Doce años después, volvimos a ver el recorrido del Cristo de la Sangre cuajado de pasos procesionales. Misma idea que en 2014, pero diferente ejecución. En esta edición, se sumaron a la idea original escenas y pasos como el del Santo Entierro- ejecutado en 2024- o las Santas Mujeres y la Verónica con el Señor del Encuentro de Jesús y María en la Calle de la Amargura. Este año, la Junta de Hermandades Pasionarias no fue la ejecutora de la idea, sino la Cofradía de Santa María Magdalena que, celebrando el veinticinco aniversario de la llegada a Cieza del Santísimo Cristo de la Sangre, nos permitió a propios y extraños una aproximación a las imágenes fuera de su contexto procesional, pudiendo, además, mirarlas cara a cara y ¿por qué no? Volver a ser conscientes, en primer lugar, del increíble patrimonio artístico que tenemos en la Semana Santa de Cieza y, en segundo lugar, volver a sentir algo en el alma cuando tenemos nuestras imágenes tan cerca. Al final, ese es el fin de las tallas, remover el interior de los creyentes ante la contemplación de las escenas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Por cierto, parece ser que, el haber expuesto el Señor del Beso de Judas de Carrillo ha removido algo en quienes deben procesionarlo. ¿Volveremos a verlo pronto de vuelta en nuestros desfiles procesionales? Ojalá.






