Tengo un escritorio. En ese escritorio hay un hueco donde está la torre del ordenador. Encima, una estantería pequeñita con una libreta donde apunto aquellas frases que, tras leerlas una primera vez, creo que merecen ser guardadas, para, de vez en cuando, sacarlas del olvido. En una página de esa libretita, un día cualquiera escribí: ‘’A Dios se puede llegar; a lo más elevado, se puede llegar a través de lo más material, a través de las emociones humanas más apasionadas. Ese es el corazón del Barroco’’ firma el periodista Jorge Bustos. ¿Acaso no hay emociones desbordadas en la tarde por excelencia del ciezano?¿Acaso mirando a Nuestro Señor, escultura eterna e inmemorial, no encontramos lo más elevado a lo que hace referencia Bustos? Sí, y mil veces sí. Nosotros sabemos que por Él vamos a la eternidad de los tiempos y por Él nuestras tormentas se vuelven primaveras sempiternas y calmas indiscutibles.
Un vuelo cualquiera con destino a Irlanda. Pedro escucha en sus auriculares su marcha de cabecera. Mientras suenan los compases de ‘‘¡Victoria! recuerda con nostalgia los días vividos. El volver a la tierra, al origen, es un alivio en su vida de lejanía y añoranza. Mira y remira la galería de su iPhone y recuerda que todo merece la pena por volver a procesionar con ‘’La Sentencia’’ en la mañana de Viernes Santo. Mientras, en un piso de Burgos, en la Calle Lavaderos, Pablo piensa que menos mal que la Semana Santa ha terminado. El no volver a la tierra por Semana Santa es una cruz que él, por primera vez en su vida, ha tenido que sufrir. 349 días apenas son eso, días en el calendario, pero también son miles de motivos por los que luchar, soñar y vivir, lo cual no es poco. El próximo año ellos volverán, como todos los que estuvimos. Ahora, cuando ya solo nos quedan las galerías de fotos, las redes sociales y el chirriar de las ruedas de los coches al pisar la cera, llega el momento de hacer balance de la Semana Santa que se ha ido, la de 2026. Al igual que el año pasado, iremos directos al grano y pondremos luz y taquígrafos a lo vivido. Nada de peloteos ni secretos, porque, como dijo Unamuno: ‘’Fundamentalmente no soy más que palabra, el no hablar es morir’’. Hablemos, pues.
El DÍA.Lunes Santo, sin lugar a dudas, fue el epicentro de la Semana Santa de Cieza 2026. Doce años después, volvimos a ver el recorrido del Cristo de la Sangre cuajado de pasos procesionales. Misma idea que en 2014, pero diferente ejecución. En esta edición, se sumaron a la idea original escenas y pasos como el del Santo Entierro- ejecutado en 2024- o las Santas Mujeres y la Verónica con el Señor del Encuentro de Jesús y María en la Calle de la Amargura. Este año, la Junta de Hermandades Pasionarias no fue la ejecutora de la idea, sino la Cofradía de Santa María Magdalena que, celebrando el veinticinco aniversario de la llegada a Cieza del Santísimo Cristo de la Sangre, nos permitió a propios y extraños una aproximación a las imágenes fuera de su contexto procesional, pudiendo, además, mirarlas cara a cara y ¿por qué no? Volver a ser conscientes, en primer lugar, del increíble patrimonio artístico que tenemos en la Semana Santa de Cieza y, en segundo lugar, volver a sentir algo en el alma cuando tenemos nuestras imágenes tan cerca. Al final, ese es el fin de las tallas, remover el interior de los creyentes ante la contemplación de las escenas de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Por cierto, parece ser que, el haber expuesto el Señor del Beso de Judas de Carrillo ha removido algo en quienes deben procesionarlo. ¿Volveremos a verlo pronto de vuelta en nuestros desfiles procesionales? Ojalá.
Hace un año. Tarde invernal. Albacete cerca. Hellín, más murciana que castellana. Un grupo escultórico de Coullat Valera y el trasatlántico de Tres Caídas detrás. ¿Una fantasía? No. Una realidad. El culpable, La Real Cofradía del Prendimiento de Hellín.
Con motivo del 75 aniversario fundacional del Prendimiento de Hellín, esta querida ciudad manchega volvió a ver por sus calles, después de muchos años, una procesión extraordinaria. ¡Y qué cosa tan extraordinaria! Al interés manifiesto de ver en la calle el potentísimo grupo escultórico de Federico Coullat Valera, se sumó la sorpresa mayúscula de ver desfilar por las calle de Hellín, tras un grupo escultórico, a la consagradísima y admirada Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas de Triana. Un motivo sin el que, sin lugar a dudas, ni el 20% de público se hubiera acercado hasta las calles de esta cercana ciudad manchega. Sin lugar a dudas, una inteligente decisión de marketing cofrade pues, traer a Tres Caídas, aseguraba una gran cantidad de impactos en redes sociales, visita de personas de otras regiones y, por supuesto, difusión.
Mañana de ramos. Mañana bella. Cristo entre nosotros y la ilusión de una nueva Semana Santa en la mirada de los niños. Palmas y olivos. ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! El Paseo a sus pies y Cieza cual Jerusalén.
Cuando la Tierra todavía estaba sumida en la oscuridad, la Junta de Hermandades Pasionarias y el Ayuntamiento de Cieza se dieron la mano para realizar unos programas temáticos sobre la Semana Santa. En uno de esos programas, el invitado era D. Rafael Salmerón Pinar, pregonero de la Semana Santa de Cieza 2025. Durante su alocución, dejó registrada una frase con la que me quedé y que, perfectamente, podría ser la síntesis perfecta de lo que es el Domingo de Ramos en Cieza. La frase decía algo así como: » Hasta que la Burrica no llega a la Esquina del Convento, la Primavera no llega a Cieza». ¡Qué manera tan poética de hablarnos de ese altar efímero que es el trono, jalonado de flores por doquier gracias al trabajo de Arteflor, sobre el que se eleva el grupo escultórico del Maestro Carrillo y el momento exacto en el que repican las campanas del Convento y la Burrica entra triunfante al Paseo desde San Sebastián. De las calles sombrías a la luz radiante del corazón ciezano! Pura poesía.
Domingo de Resurrección. Último día de los días soñados. Un tiempo apenado se descubre a mediodía ante nosotros. Todo terminó. Lluvia. Nubes. Oscuridad. Poesía. Epicidad para el final de los días del año.
En Hellín, Procesión del Resucitado suspendida. La Dolorosa no verá la luz de la Resurrección. Otro año más sin verla recogerse por el Rabal. Pena. Tristeza y mucha, mucha añoranza. Se me iluminó la mente y rápidamente caí en una realidad: En Moratalla todavía sonaban tambores. Era su tamborada. Eran los redobles de la Resurrección. Eran los redobles de una nueva primavera anunciada por EL REDENTOR. Le tenía ganas, muchas, desde que les escribí varias veces para acreditarme a las XXXVIII Jornadas Nacionales de Exaltación del Tambor y el Bombo y no encontré ninguna respuesta y desde que me di de bruces con aquella famosa foto de Cristina García Rodero -¡SALVE MAESTRA! sobre esta fiesta en su famosísimo libro »ESPAÑA OCULTA». Así que, tras ver como las últimas horas de otra Semana de Pasión ya acabada se bañaban en unas leves gotas de agua, cogí el coche, cámara y arree hacia Moratalla.
Hace apenas un año veía la luz mi segunda exposición individual, esta vez amparada por la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de Hellín. Una mirada muy personal y diferente a, quizás, uno de los grandes iconos devocionales de esta ciudad más murciana que manchega, pese a que la delimitación regional diga que es manchega.
El pasado 17 de enero de 2025 en el Museo de la Semana Santa de Hellín se desplegaba una muestra de casi cincuenta fotos en las que el espectador descubría, y reconocía, una mirada muy muy distinta de la imagen a la que tantas veces le ha rezado; a la que tantas veces ha cantado su motete en el Calvario y a la que tantísimas veces ha rezado en la Asunción. Una exposición, »DOLORES DE NUESTRA MADRE» con la que se celebraban 85 años de la magnífica talla que Coullat Valera realizó en 1940 para, de alguna manera, intentar cerrar las heridas que se abrieron con la desaparición para siempre de la Dolorosa de Salzillo, la que hizo para Hellín y que, tristemente, pereció bajo el influjo iconoclasta de un bando republicano que arrasó todo cuanto tuvo que ver con los nacionales y su círculo, donde estaba claramente inserta la Iglesia y los obispos españoles.