@JoseMariaCamara
San Juan (19,25) nos recoge uno de los momentos teológicos más importantes de la figura de la Santísima Virgen María. Así, el Discípulo Amado recoge en las Sagradas Escrituras el Stabat Mater de la siguiente manera: “Estaba la dolorida Madre llorando al pie de la cruz, mientras su hijo pendía”. Partiendo de esta configuración de María en el Calvario, Francisco Salzillo realiza, más o menos entre 1765 y 1775, según estudios de Cristóbal Belda, la Dolorosa al pie de la Cruz para el Monasterio de San Juan de la Penitencia de Orihuela, igualmente, y de manera casi coetánea, llega a Tobarra la Dolorosa. Esta vez a través de la intercesión de los religiosos franciscanos, muy presentes tanto en esta localidad como en la cercana Hellín. Es esta Dolorosa, según el autor de la obra que nos ocupa, el espejo en el que se mira para realizar, digamos, su primera gran obra, aunque para un oratorio particular de Aledo (Región de Murcia) y no para una cofradía, como si será un ángel para la Venerable, Antigua y Penitencial Cofradía del Santísimo Cristo de la Sangre (Albacete) que verá la luz en la próxima cuaresma.





