@JoseMariaCamara
Hace apenas un año veía la luz mi segunda exposición individual, esta vez amparada por la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores de Hellín. Una mirada muy personal y diferente a, quizás, uno de los grandes iconos devocionales de esta ciudad más murciana que manchega, pese a que la delimitación regional diga que es manchega.
El pasado 17 de enero de 2025 en el Museo de la Semana Santa de Hellín se desplegaba una muestra de casi cincuenta fotos en las que el espectador descubría, y reconocía, una mirada muy muy distinta de la imagen a la que tantas veces le ha rezado; a la que tantas veces ha cantado su motete en el Calvario y a la que tantísimas veces ha rezado en la Asunción. Una exposición, »DOLORES DE NUESTRA MADRE» con la que se celebraban 85 años de la magnífica talla que Coullat Valera realizó en 1940 para, de alguna manera, intentar cerrar las heridas que se abrieron con la desaparición para siempre de la Dolorosa de Salzillo, la que hizo para Hellín y que, tristemente, pereció bajo el influjo iconoclasta de un bando republicano que arrasó todo cuanto tuvo que ver con los nacionales y su círculo, donde estaba claramente inserta la Iglesia y los obispos españoles.






