@JoseMariaCamara
Es una verdad incuestionable, y que de manera habitual se dice, que los designios de Dios son inescrutables. Nadie sabe cuándo pasarán, qué pasará y por qué pasará, pero, cuando pasa, entendemos muchas cosas. Veintiún días ha estado la patrona de Cieza con nosotros. Veintiún días en los que ni un solo momento ha estado sola. A más tiempo, más devoción y mayores frutos nos regala la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada. Todos salimos ganando.
Antes, cuando no había tantos edificios altos, era muy sencillo ver desde el pueblo la lengua de luces que coronaba el Collado de la Atalaya. Era la noche previa a la Romería y Cieza ya se comenzaba a vestir de gala para, al amanecer, ir al encuentro de su Madre y subirla en volandas hasta su santuario de la Atalaya. No recuerdo qué edad tendría, pero sí recuerdo cómo, cuando dormía en casa de mi abuela, la mañana de la Romería amanecía bien pronto con las tracas que tiraban debajo de la ventana del piso de Manuel Marín, por aquel entonces directivo de la Junta de Hermandades Pasionarias. La Plaza de los Carros se encendía en luz y sonido y todos los vecinos sabíamos que esa mañana septembrina era la mañana en la que la Virgen volvía a su casa.. Hoy, probablemente veinte años después, yo ya no duermo en la Plaza de los Carros, ni Manolo vive en la Plaza de los Carros, ni la guirnalda de luces se torna en una serpiente que abraza el Collado de la Atalaya, pero, sin embargo, sí sigue igual, aunque más radiante, el Alfa y el Omega de las romerías ciezanas: la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada, Patrona de Cieza.



