SOBREVIVIR VIII: No hemos aprendido una mierda

@JoseMariaCamara

Llevo unos días ciertamente apáticos. No es tristeza ni abatimiento, sé que tengo que resistir y sobrevivir; sé que tengo que tener la mente ocupada y ser positivo, pero, a veces, pienso que no hemos aprendido una mierda de todo lo que ocurre ahí fuera. No hemos aprendido una mierda del caos, la desolación y la cantidad de vidas perdidas durante esta crisis mundial. No hemos aprendido una mierda, no por no querer, sino por no ser conscientes.

He sido un ingenuo, lo reconozco. En algún momento de todos estos días de encerramiento pensé, ingenuo yo, que la gente iba a cambiar. Pensé que la gente cambiaria sus perspectivas y sus formas ególatras. Pensé, pensé y pensé y morí en la orilla. Me abate tremendamente ver como, pese a toda la mierda que ocurre ahí fuera, todo sigue igual aquí dentro. Realmente no se si todo esto está sirviendo para algo, realmente no sé donde quedaron los pensamientos positivos: la unidad, la entrega, el sacrificio y la condolescencia con el prójimo. ¿De qué sirve aplaudir como cosacos a las ocho de la tarde si luego en el wasap asestamos puñaladas cada vez que podemos? ¿De qué nos sirve poner mensajes positivos en redes sociales si, renglón seguido, seguimos entrando en guerras dialécticas y políticas? ¿De verdad no hemos aprendido nada? ¿De verdad es tan difícil dejar de pensar en el yo y pensar en el TÚ?

Los días pasan y me abate ver como no hemos cambiado nada. Pretendo no estar enfadado, pero la sociedad me enfada. Me pone de muy mala hostia, y perdón por la expresión, ver como seguimos luchando por ser más que nadie, imponer nuestro discurso al del resto de personas, y sacar nuestra cabeza por encima del resto. La verdad no sé que leches hacemos como sociedad, no sé si vivimos cómodamente en un estado de falsedad o que realmente no sabemos ni que somos. Sigo sin entender como la sociedad sigue intentando hacer destacar a unos para tirar por tierra a los otros. Sigo enfadándome mucho al ver como, tristemente, pretendemos imponer discursos propios al resto, cueste lo que cueste y valga lo que valga.

Hoy he subido a redes sociales un cuadro del pintor de los muertos, como era conocido Valdés Leal. Este pintor sevillano reflejó como pocos el poder igualatorio de la muerte. Sus obras para el Hospital de la Caridad de Sevilla reflejan como pocas obras el poder igualatorio de la muerte. En esta pandemia estamos viendo como el bichito se está llevando, por igual, a ricos y a pobres. No distingue de ME GUSTA en las redes sociales, no distingue millones en los bancos, no distingue cuerpos esculturales, ni corazones ególatras; se los lleva por delante. Ommia mors aequat, la muerte como juez del mundo, o lo que es lo mismo, el poder igualatorio de la muerte. La muerte no distinguió nunca entre emperadores o mendigos pordioseros. La muerte nunca distinguió entre hombres de Dios o casquivanos y prostitutas. La muerte nunca distinguió entre grandes literatos y analfabetos; la muerte siempre se los llevo, a todos, sin tener en cuenta la categoría social, los conocimientos o los dineros.

OMMIA MORS AEQUAT, o lo que es lo mismo: por mucho que intentes imponer tus discursos, por mucho que entres en conflictos dialecticos en redes sociales, por mucho que aparentes ser doctor en no se que conocimiento, por mucho que intentes creerte alguien; al final la muerte tocará a tu puerta, te encerrará entre cuatro paredes de madera, o te quemará, pero te llevará. Seas quien seas, aparentes lo que aparentes.

El poder igualatorio de la muerte, o lo que es lo mismo; OMNIA MORS AEQUAT.

Sobreviviré.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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