SOBREVIVIR IX: LAS PUÑETERAS PRISAS

@JoseMariaCamara

Creo que no hemos aprendido nada de esta situación; seguimos viviendo igual que antes. La gente sigue siendo igual de mala folla que antes, la gente sigue pensándose imbatibles, como si fueran algo así como dioses. La gente sigue haciendo planes como si no hubiera un mañana. ¡No sé cuantas veces he repetido estos días la dichosa frase: piensa en el mañana, y, cuando pase, en el día siguiente! Pero oye, que no hay forma, me aburre todo esto, y, 58 días después, todo esto comienza a hacer mella en mi estado psicológico. Me pregunto mucho, pienso mucho y me enfado demasiado. Supongo que será lo normal, pero me agota.

Me agota que la gente siga pensando en lo que hará en ¿verano? ¿otoño? Pero que cojones hacéis pensando en vacaciones y en viajes. ¡¿Qué cojones hacéis?! Me gustaría saberlo pero, obviamente, no voy a ir preguntándole a la gente que hace con su vida y que de que leches está sirviendo todo esto.

Ahora mismo, sinceramente, creo que nuestras fuerzas no se deben ir en planes futuros, sino en planes presentes; debemos ayudar a quien lo necesita, debemos dar ánimos a los cuerpos de seguridad, debemos preguntar por los amigos y la gente que queremos. Debemos centrar nuestros esfuerzos en sobrevivir. Sobrevivir es lo que toca, el resto no vale para absolutamente nada.

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SOBREVIVIR IX: ¿Ir a la naturaleza? ¡Sino la han pisado en su vida!

@JoseMariaCamara

Esta mañana, a primera hora, leía un titular de D. Miguel Villegas, Consejero de Sanidad de la CARM. La cuestión es que el Señor Villegas decía sobre el desconfinamiento y la salida a la calle de los niños: ‘’la salida del confinamiento debe servir para reconectar a los niños con la naturaleza y la realización de ejercicio físico’’. La nota añade: ‘’ Para ello, los municipios van a poner a punto para el uso las vías verdes y sendas naturales para que puedan ser usadas por los más pequeños’’. Y yo pregunto: ¿Alguna vez han estado los niños conectados con la naturaleza? Seguro que alguno si, pero la inmensa mayoría no han pisado en su vida una caca de cabra o se han puesto de tierra hasta las orejas.

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SOBREVIVIR VIII: No hemos aprendido una mierda

@JoseMariaCamara

Llevo unos días ciertamente apáticos. No es tristeza ni abatimiento, sé que tengo que resistir y sobrevivir; sé que tengo que tener la mente ocupada y ser positivo, pero, a veces, pienso que no hemos aprendido una mierda de todo lo que ocurre ahí fuera. No hemos aprendido una mierda del caos, la desolación y la cantidad de vidas perdidas durante esta crisis mundial. No hemos aprendido una mierda, no por no querer, sino por no ser conscientes.

He sido un ingenuo, lo reconozco. En algún momento de todos estos días de encerramiento pensé, ingenuo yo, que la gente iba a cambiar. Pensé que la gente cambiaria sus perspectivas y sus formas ególatras. Pensé, pensé y pensé y morí en la orilla. Me abate tremendamente ver como, pese a toda la mierda que ocurre ahí fuera, todo sigue igual aquí dentro. Realmente no se si todo esto está sirviendo para algo, realmente no sé donde quedaron los pensamientos positivos: la unidad, la entrega, el sacrificio y la condolescencia con el prójimo. ¿De qué sirve aplaudir como cosacos a las ocho de la tarde si luego en el wasap asestamos puñaladas cada vez que podemos? ¿De qué nos sirve poner mensajes positivos en redes sociales si, renglón seguido, seguimos entrando en guerras dialécticas y políticas? ¿De verdad no hemos aprendido nada? ¿De verdad es tan difícil dejar de pensar en el yo y pensar en el TÚ?

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SOBREVIVIR VII: LOS ATARDECERES QUE ME HAS ROBADO

@JoseMariaCamara

Desde mi ventana puedo divisar el bloque de pisos de enfrente. En él, cada atardecer, el sol pinta las fachadas del dorado resplandor de las últimas horas del día. Cada día, a la misma hora, la luz del sol se estampa contra las ventanas de ese bloque de pisos y rebota directa hacía la pared de mi ventana. Hoy, ese reflejo es el único recuerdo de los atardeceres primaverales. Hoy, solo eso me permite recordar otros tiempos donde el final del día era festejado como un aprobado en el bachiller.

De mi tierra me gusta todo, no sería capaz, nunca, de reconocer un algo especial que me guste más que otra cosa. Me gustan sus gentes, sus fiestas, sus tradiciones, sus calles, sus casas abandonadas, su naturaleza, sus otoños y sus atardeceres. Sus atardeceres me pierden, me parecen lo más bonito que la vida me puede regalar cuando la primavera llega a nuestras vidas. Ansío como un niño la llegada de las ocho de la tarde para salir desbocado a encontrarme con el atardecer en pleno Paseo Ribereño. El tono anaranjado de la inclinación  solar lo baña todo. Es el mejor momento para fotografiar a mi tierra. Es cuando más disfruto de la fotografía de atardecer. Abril, mayo, junio, e incluso julio, se convierten en mis meses preferidos para deleitarme con el atardecer.  ¡No hay otros atardeceres como los de esos meses! El cambio de temperatura pinta unos cielos inigualables bañados en rojos intensos, como la sangre, naranjas como los de la fruta y amarillos como los de la Ermita del Santico. Los atardeceres de esos meses son los atardeceres que ningún día del año olvido, siempre los espero como agua de mayo. Todo cobra sentido cuando ellos llegan, todos los ciezanos acudimos al Paseo Ribereño a saludarnos y a socializar. Nos gusta socializar mientras nos doran los últimos rayos de la tarde.

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SOBREVIVIR VI: LOS BESOS QUE TE HE ROBADO

@JoseMariaCamara

No distingo horas, días, segundos o meses. No diferencio un día de otro. No espero nada con más entusiasmo que el propio de vivir, pero realmente si que hay una razón por la que vivir, descontar horas al día y días a la semana. Los miércoles por la mañana.

Podría ser considerado un temerario en estos tiempos de cautela. Podría ser un loco, e incluso un asesino, pero no soy más que un nieto enamorado de los besos de su abuela.

Mi abuela, la Juana, tiene 91 años. Desde que mi abuelo falleció vive sola, no porque yo quiera, sino porque ella no permite que nadie la acompañe, ni siquiera para dormir, pues dice que si muere de noche quiere morir sola, no quiere que me quede con ese recuerdo; y ella, lo que no sabe, es que lo que yo más quiero es que ella se despedida de este mundo a mi lado, no en una cama de hospital, sino en su casa, aunque quizás pida mucho, pero yo, por pedir, que no quede.

Los miércoles soy un nieto que sale de su caverna platónica – ay Platón y tu mito de la caverna, ¡ cuanta vigencia está cobrando en pleno S.XXI- para ir a ver a su abuela. Salgo con la escusa de que tengo que ir a comprarle el pan, que de escusa tiene bien poco, puesto que todas las semanas con bicho,  o sin bicho, le compro el pan de la Josefica, porque ella es tradicional y si siempre lo ha comprado ahí, ahora no va a ser menos. Y la verdad es que a mi me encanta porque sus trabajadoras me caen de cine. Lola, con fama de arisca, es todo cachondeo y amabilidad, y las Joses se tienen el cielo ganado por cariñosas, atentas y amables. Si leéis esto sabréis que echo mucho de menos no veros con más frecuencia. Como iba diciendo, que me desvío, los miércoles son el salvoconducto a mi vida. Los miércoles son el flotador que me tiro en este inmenso mar que nos ahoga como sociedad, e incluso como personas. 

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SOBREVIVIR V: Los olvidados de la Sierra.

@JoseMariaCamara

Acabo de cerrar las páginas del libro que me estoy leyendo en estos momentos; La España Vacía de Sergio del Molino. Según dicen, es la enciclopedia de ese fenómeno que devora la España rural, la España interior; la de los pastores, los teléfonos de cable y la de los niños jugando en las calles.

La realidad es que el tema de la España Vacía siempre ha sido un tema que me ha interesado y me ha atraído a investigarlo. Muy posiblemente la culpa de esto la tenga mi compañero Fco. Jesús Lucas Salmerón. Él fue el primer valiente que, con la excusa de la fotografía, me ha llevado a recorrer poblaciones que ni en los mapas que se estudian en el colegio aparecen. Nerpio, Inazares o Zaén son algunos de los núcleos poblacionales que hemos visitado en nuestras escapadas a la vida rural y la fotografía, pero, sin lugar a dudas, hay un espacio geográfico que me enamoró desde el primer momento que lo conocí; LA SIERRA DE SEGURA. Ese paraíso interior encajonado entre las corrientes del Rio Segura, los Campos de Hernán Perea -una de las altiplanicies más místicas de España- y las Provincias de Jaén y la Región de Murcia. Todo lo rural, todo lo que relacionamos con los pueblos y la vida campechana está ahí.

Desde algún tiempo tengo en Twitter a un panadero y emprendedor, José Lara. Él es mi contacto con aquella tierra que ansío volver a pisar, él es mi periodista de la España Vacía, él es un joven en Santiago Pontones, un núcleo poblacional de apenas tres mil habitantes.

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