ARTE SACRO ESPAÑOL: Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio de SEVILLA

@JoseMariaCamara / @zambudio_a

Otro año mas este humilde espacio vuelve a contar con la inestimable colaboración, y fabulosas críticas artísticas, de D. Antonio Zambudio. Profesor en la UNED y doctorando. Es para mi un honor contar de nuevo con sus excelentes comentarios y su colaboración.

Comenzamos!:

JESÚS NAZARENO DE LA PRIMITIVA HERMANDAD DE NAZARENOS DE SEVILLA, ARCHICOFRADÍA, PONTIFICIA Y REAL DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO, SANTA CRUZ EN JERUSALÉN Y MARÍA SANTÍSIMA DE LA CONCEPCIÓN.

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El primer estudio riguroso sobre la imagen de Jesús Nazareno de la Hermandad del Silencio, fue llevado a cabo por el profesor Hernández Díaz en el año 1936, siguiendo el rastro del estudio de la talla de Jesús Nazareno de la localidad de Carmona, obra documentada de Francisco de Ocampo, realizada en el año 1607.

En la referida investigación, Hernández Díaz analizaba las similitudes entre ambas imágenes y, sin ser muy explícito al respecto, sí que incidía en las analogías coincidentes y que podían hacer ver que la efigie del devoto Nazareno de la Hermandad del Silencio sevillana correspondería a la gubia del propio Francisco de Ocampo.

Desde ese momento, toda la historiografía hasta época muy reciente se ha adherido a la opinión que formuló el ilustre profesor, sin cuestionarse que la obra pudiera ser de otro artista activo en esas primeras décadas del siglo XVII en Sevilla. Por tanto, lo que era un intento de encuadrar una imagen en una determinada etapa, pasa a ser una atribución en toda regla.

Fue en 2009 cuando el historiador Antonio Torrejón Díaz hizo publica su atribución al escultor Gaspar de la Cueva, artista hispalense criado en el círculo de Montañés y que emigró a Indias en el año 1613, y lo hace en base a cotejar al titular de la Hermandad del Silencio con un Cristo a la Columna conservado en la iglesia de San Lorenzo de Potosí fechado hacia 1632.

En verdad, las similitudes fisionómicas y morfológicas son verdaderamente sorprendentes, compartiendo plenamente rasgos estilísticos y de expresión en sus grafías. La frente amplia, la talla del cabello y barba, tratamiento de los ojos, cejas y cuello, todo ello ofrece una serie de paralelismos imposibles de obviar para cualquier contemplador y estudioso en la materia. Por tanto, el Nazareno del Silencio sería una obra temprana de Gaspar de la Cueva antes de su marcha a Indias, bien por encargo de la propia Hermandad o gracias al patrocinio de Isabel Gómez de Cabreros, bienhechora de la corporación.

Pero al margen de tener presente estas circunstancias de índole histórico en cuanto a su autoría, lo verdaderamente trascendente de la efigie es su significación teológica y sus valores plásticos, no debiendo caer únicamente en la senda del atribucionismo, cuestión baladí si lo comparamos con su entidad artística que alcanza cotas trascendentes en la figuración religiosa del siglo XVII sevillano, independientemente del autor de la imagen.

Iconográficamente viene a mostrar el instante en que Cristo acepta la Cruz y la abraza antes de iniciar su camino hacia el Calvario, cogiéndola por el palo largo o stipes, representación muy común hasta entrado el siglo XVII y utilizada por artistas como el pintor Luis de Vargas. Es por tanto una simbología que entronca con la Cruz Triunfante sobre la tierra, de ahí los ricos materiales por los que está compuesta, como instrumento vencedor del pecado y de la muerte.

La imagen fue tallada en madera de cedro, poseyendo una altura de 1,83 cm. El cuerpo está anatomizado, mostrando un claro contraposto que genera un marcado equilibrio inestable propio ya del advenimiento del XVII, mostrando cierta tendencia barroquizante. Su giro de cabeza dirigiendo su mirada al espectador, genera una íntima conexión con este último por medio de un gesto firme, de gran fuerza expresiva, a través del cual el varón de dolores no muestra excesivo sufrimiento, sino serenidad, firmeza y asunción plena de cuál es su misión en el mundo.

El abatimiento y la derrota no forman parte del lenguaje postural de este Nazareno que, con suma decisión, acepta el instrumento de martirio sin ambages. Poseedor de una enorme fuerza expresiva y entidad personal, viene a mostrar materialmente ese universo de devociones, piedad y ascetismo de su época, tal vez, la edad dorada del arte en España.

Antonio Zambudio Moreno

Profesor – Tutor del Centro Asociado de la UNED en Cartagena.

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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