SOBREVIVIR II: BENLLIURE

@JoseMariaCamara

Ustedes, posiblemente, me tilden de raro, y es que llevan toda la razón. Llevan toda la razón porque a lo largo de estos casi quince días de confinamiento que llevamos, además del normal recuerdo de mi abuela, del que escribiré en unos días, las dudas sobre el futuro y la tristeza por todo lo que nos rodea; también he pensando mucho en Crevillente, he pensando mucho en Crevillente, no como población, sino como lugar donde se encuentra el Museo de Mariano Benlliure. Por otro lado, también he pensado mucho en Orihuela, no como ciudad, sino como sede del Museo Diocesano de Arte Sacro.

Orihuela y Crevillente son unos de los tantos objetivos que tengo para cuando acabe todo esto. No son objetivos como ciudades, sino como custodios de un arte que, para mí, merece mis pensamientos en estos momentos. Crevillente alberga el Museo de Mariano Benlliure, un museo donde conocer la obra de este magnífico escultor valenciano. Un escultor que, desde que me enfrenté al Nazareno del Paso de Málaga, tengo en mi mente constantemente. Además de ser la suya una figura que me atrae muchísimo por su forma de vida, sus aspectos y su presente, pese a que murió hace ya algunos años.

Quiero terminar un viernes de trabajar, comer donde sea, como si quiere ser un bar de mala muerte, tomar un café e ir a Crevillente. Quiero perderme en su obra, sus bocetos, sus firmas y su trayectoria, pero también quiero repetir ese planing con Orihuela.

Quiero ir a Orihuela, quiero volver a pasear por sus calles, pero esta vez no quiero darle de comer a las aves, como hacía cuando era un niño y mis padres me llevaban a pasar las tardes de los fines de semana cuando en Santomera nos aburríamos. Quiero volver a Orihuela para conocer su Museo Diocesano de Arte Sacro. Quiero perderme entre sus naves, quiero ver a Velázquez en su retrato de Santo Tomás, quiero ver a Orrente y recordar esas grandes exposiciones que Nacho Ruiz montaba en la Compañía de Caravaca. Quiero, quiero, quiero volver a Orihuela para conocer sus Salzillos, y quien sabe, apuntarlos para mi proyecto fotográfico.

Quiero volver de Crevillente y Orihuela sabiendo un poco más de arte, quiero volver con un par de libros de arte sobre el brazo y centenares de fotos en mis tarjetas fotográficas, pero principalmente quiero ir. Quiero ir cuando todo esto acabe. Quiero volver a enamorarme del arte. Quiero quedarme embobado ante un cuadro, quiero empatizar con una representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo como lo hice con un pequeño Amarrado de Gregorio Fernández hace un año.

Quiero volver a ver arte, y que bajo el paraguas de Benlliure vuelva a descubrir que, por muy dura que sea la vida y la muerte, el arte siempre volverá, por que volverá como volverá a brillar el sol cuando todo esto acabe, porque acabará y volveremos a vivir en un mundo de cohones, de arte y de felicidad.

Sobreviviré.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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