@JoseMariaCamara
Ustedes, posiblemente, me tilden de raro, y es que llevan toda la razón. Llevan toda la razón porque a lo largo de estos casi quince días de confinamiento que llevamos, además del normal recuerdo de mi abuela, del que escribiré en unos días, las dudas sobre el futuro y la tristeza por todo lo que nos rodea; también he pensando mucho en Crevillente, he pensando mucho en Crevillente, no como población, sino como lugar donde se encuentra el Museo de Mariano Benlliure. Por otro lado, también he pensado mucho en Orihuela, no como ciudad, sino como sede del Museo Diocesano de Arte Sacro.
Orihuela y Crevillente son unos de los tantos objetivos que tengo para cuando acabe todo esto. No son objetivos como ciudades, sino como custodios de un arte que, para mí, merece mis pensamientos en estos momentos. Crevillente alberga el Museo de Mariano Benlliure, un museo donde conocer la obra de este magnífico escultor valenciano. Un escultor que, desde que me enfrenté al Nazareno del Paso de Málaga, tengo en mi mente constantemente. Además de ser la suya una figura que me atrae muchísimo por su forma de vida, sus aspectos y su presente, pese a que murió hace ya algunos años.
Quiero terminar un viernes de trabajar, comer donde sea, como si quiere ser un bar de mala muerte, tomar un café e ir a Crevillente. Quiero perderme en su obra, sus bocetos, sus firmas y su trayectoria, pero también quiero repetir ese planing con Orihuela.
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