Las campanas de la Basílica casi marcaban la una del mediodía. Una señora mayor, a la cual no tengo el placer de conocer, se acercaba a mí y me comentaba: tengo unas palabras que mi tía me decía cada noche antes de dormir. Decían así: ‘’Nuestro Padre Jesús, Rey de la Gloria. En estando contigo todo me sobra’’. En esas trece palabras reside el perfecto resumen de lo que hoy ha sido la tercera edición de la Procesión de Cristo Rey de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Hacer hermandad y caridad llevando al Nazareno a las casas de quienes más lo necesitan. Arropar al enfermo y mostrarle el rostro de Cristo. Fin primigenio de las cofradías y hermandades. Única razón de su razón de ser. El Nazareno nos lo recuerda cada penúltimo domingo de noviembre.
No hay septiembre en Cieza sin romería, y no hay romería sin septiembre en Cieza. No hay más. Es tan simple como ver la devoción de la mujer que, sorda, se mete entre las varas del trono, aún sin colocar dentro de su ermita para, en un acto de devoción, hacerse huracán devocional y ponerle cuatro velitas blancas, de las de toda la vida y, acto seguido, dar las gracias, mirar a la Virgen y persignarse. Todo es tan simple como esa mirada, ese acto de fe y ese agradecimiento, pero en Cieza lo simple se convierte en magnánimo cuando el alba estalla en pólvora que anuncia una nueva Romería; no importa si cae en el tercer domingo de septiembre, como venía celebrándose en los últimos años, o en el cuarto, como se ha hecho este año. No hay razón que lo explique más que lo que el corazón de cada ciezano escribe en renglones rectos cuando toca caminar al alba para ir al encuentro de la del ‘’centro maternal’’.
Septiembre de romería, de pólvora, de misa al alba, de repique de campanas en la Atalaya, de familias caminando tras la Madre, de flores, arco y Buen Suceso. Septiembre de preparar la mochila para subir al monte con la Virgen del Buen Suceso Coronada, cantarle su himno o simplemente extender la devoción, de generación en generación, a quien cada día de nuestras vidas nos protege desde el joyero de la Atalaya que es su diminuta, aunque gigante, en lo devocional, ermita del Collado de la Atalaya, ahí donde la Cruz nos hace reflexionar sobre el devenir de los días.
Hace poco, Bartolomé Marcos, nos decía en la entrevista que nos concedió algo así como que el discurso, si tiene muchas florituras, es capaz de tapar el verdadero significado de la palabra; pues bien, con la Virgen del Buen Suceso Coronada ocurre lo contrario, puesto que, pese a su grandilocuente arco, realizado este año en tonos amarillos a base de margaritas, margaritas pimpon, rosas, lisianthus y solidago, lo que prevalece es Ella y solo Ella, con permiso de los recuerdos, vivencias, emociones y lágrimas que cada uno de los ciezanos, los que pueden acompañarla hasta la Atalaya, y los que no, tienen de cuando la acompañaban con su abuela o sus padres. Hoy esas abuelas, ya de luto y cogidas del brazo de sus nietos, solo consiguen subir, a duras penas, la cuesta de la Ermita. No habiendo mayor recompensa que tenerle frente a frente y, junto a su nieto, lanzarle un beso, quizás el último.
‘’Con la Virgen comienza de nuevo el ciclo’’ ¡Cuánta verdad hay en estas palabras! ¡Cuánto de transcendental se adivina la llegada de la Virgen al pueblo otro mes de septiembre más! No son palabras mías las que ustedes leen nada más comenzar este artículo. Son las palabras de un ciezano que, por primera vez, ha aupado a su hijo para que, hombro con hombro, ocupara el mismo lugar que su padre ocupó mientras la salud le permitió estar, cada 8 de septiembre, en la llegada al pueblo de la Virgen del Buen Suceso Coronada, la Patrona de Cieza. Hoy, su nieto, cogió su relevo y el cielo pintó con una sonrisa del azul del Perdón.
Tarde de ausencias de grandes cofrades que, tras la Resurrección, fueron al encuentro de Dios, pero también tarde de encuentros primerizos en las varas. Hoy los niños fueron los protagonistas, indirectos, de esta nueva bajada de la Patrona de Cieza. Cogidos de la mano de su abuelo, como los nietos del sacristán, subidos a los hombros de los papas, con el traje huertano por piel, aupado por el amigo de su padre y abrazado a la vara, donde se forjan los cofrades de corazón, los que sueñan con el toque de la campana y marcan el paso, inconscientemente, mientras caminan, cualquier día del calendario, por las calles de Cieza.
Volvimos con Ella otro ocho de septiembre más. La pólvora anunció desde El Maripinar que otro ocho la Virgen volvía a su pueblo, el que abandonó, presurosa, un lejano, y a la vez tan cercano, 19 de septiembre de 2021. Con la Virgen del Buen Suceso Coronada, como me indicaba ayer el presidente de una cofradía, comienza de nuevo una nueva vida. Una vida en la que los más jóvenes y los más ancianos miran con la misma pureza a la Patrona de Cieza. Unos son llevados vestidos de huertanos o con el polo blanco de la Virgen, hasta los pies de la Patrona de Cieza, la que, mil y una veces, habían visto antes en su Ermita pero que, por la dichosa pandemia, nunca antes habían visto bajar la tarde del ocho de septiembre cuando Cieza, con su patrona, celebra la Natividad de la Santísima Virgen María y otros, los más ancianos, acuden de nuevo postrados en la silla, en la enfermedad o en su soledad. Es la grandeza de la Patrona que, sin distinción de edad, penetra el corazón de todo el que hasta Ella se acerca en esta septembrina tarde de reencuentro.
No nos hace falta mirarte para saber cómo es cada centímetro de tu piel. No nos hace falta hablarte para que nos escuches, como tampoco hace falta pedirte nada, porque siempre nos lo das todo. En ese manantial de pétalos que caían desde los balcones de la carrera quedamos prendados los ciezanos cada vez que vuelves al puerto en el que el ciezano siempre quiere atracar y, después de dos años, volvimos a celebrar, como solo los ciezanos sabemos, a paso lento y cantando tu himno, tu regreso a nuestra casa, la casa de los ciezanos, tu ermita.
Hoy no era la fecha del regreso. Hoy debía haber sido una tarde normal, pero las calles de Cieza nos contaban otra historia. Nos contaban una historia de devoción, pétalos, sentimiento, miradas bañadas en el agua de la devoción, preguntas inocentes y marchas procesionales. Hoy el Santo Cristo del Consuelo volvía a su ermita, no era 3 de mayo, pero: ¡qué más dará! Si el Cristo del Consuelo iba a estar en la calle, cuando las campanas repicaban a gloria pasadas las seis y media de la tarde. Tarde de reencuentros, de sabor añejo, de miradas a los balcones, de plegarias en silencio, de redoble lento y marcha procesional que suena a abril pasado, tarde de Camino Madrid y tarde de explicar tantas y tantas cosas a quienes nunca conocieron como Cieza devuelve, en loor de multitudes, su faro luminoso a su cumbre airosa.
La tarde de hoy se vistió de lo que siempre se entendió en Cieza que era el 3 de mayo: pétalos por doquier en Buitragos, El Evangelista para doblar a Cid, la música del Maestro León en el Camino Madrid y la Cruz de su hermandad en Mesones. No hay mucho más que contar, porque, seguro, querido lector, que usted conoce mejor que yo lo que esta tarde se ha vivido en el recorrido procesional.
Con la llegada de noviembre llega uno de los concursos decanos de fotografía de la localidad. Vuelve el concurso que determinará el cartel de la Semana Santa de Cieza 2022, Guía de Actos 2022 y Cartel del Pregón 2022. Unos carteles que anunciarán lo que se prevé será la vuelta de los cortejos procesionales a las calles de Cieza. Así mismo, entre esta semana y la que viene, del 25 de octubre al martes 2 de noviembre de 2021 se procederá a la entrega de fotos por parte de los autores. Anunciándose públicamente los ganadores la tarde del sábado 13 de Noviembre de 2021 a partir de las 19:00 horas en la Casa-Museo de la Semana Santa de Cieza. Este año, como novedad, la entrega de fotos de manera presencial solo se podrá realizar la tarde del 2 de noviembre.
A continuación os traigo las bases de dicho concurso .
¿Te acuerdas la última vez que nos vimos? ¿Recuerdas que felices éramos y como brillaba septiembre en su divino rostro? ¿Recuerdas al bebe? ¿Y a la mujer mayor que no se separa ni un instante de su trono? ¿Lo recuerdas? Pues hoy los recuerdos se han esfumado para hacerse realidad. Septiembre ha vuelto a despertar al alba cuando la Patrona de Cieza, coronada de flores, ha vuelto a cruzar el Puente de Hierro. Ahí vuelve a hacerse realidad una nueva Romería, la de la Virgen del Buen Suceso Coronada.
Pero vamos a ver: ¿realmente han pasado dos años? ¿Esto es un sueño o es la realidad? ¿De verdad hay un trono en las calles? ¿De verdad está sonando una banda de música? ¿De verdad ha vuelto a estallar la pólvora? SI, rotundamente, SI. Hoy Cieza ha vuelto a despertar para ir de romería. Hoy Cieza no ha tenido que recurrir a videos, redes sociales o recuerdos; la Virgen del Buen Suceso Coronada, Patrona de Cieza, ha acariciado el alba, se ha despedido por última vez, hasta el próximo año, de cada uno de los pilares que ha sostenido durante estos dos largos años de estancia forzada en la Basílica de la Asunción y ha emprendido el camino de regreso a su casa de la Atalaya.
Hemos vuelto, si señores; hemos vuelto a caminar junto a la Patrona de Cieza, hoy habían ganas de recrearse, ir despacito, disfrutando de la música, de la mañana y de las sensaciones que hace dos años perdimos. Menos gente, eso sí, pero bueno, ¿para qué más si en Ella lo tenemos todo? Todo era reencuentro, todo era alegría, incredulidad por volver y entusiasmo por ver que es posible procesionar pese al COVID y a quien niega la evidencia.
A las ocho y cinco rompía la mañana en el volteo de las campanas de la Basílica, en el Himno Nacional y en los aplausos de un pueblo que, dos años después, volvía a ver una procesión en la calle, y no una cualquiera, sino la de su patrona. Con Ella han estado todos los que siempre estuvieron: ha estado la mujer mayor que, con su medalla al pecho, no se ha separado de la Virgen ni un segundo, pese a que la edad y las fuerzas son una carga pesada, ha estado el bebe recién nacido que, por fin, ha podido vivir su primera procesión y conocer, cara a cara, como los ciezanos entendemos eso que llaman ‘’ procesiones’’; han estado las mujeres reclamando su momento para llevar a nuestra Patrona y ha estado quien, ni un solo día durante estos dos años, le ha quitado ojo para que Ella sola llenara la Basílica de la Asunción.