Quizás hoy te haya visto por última vez

@JoseMariaCamara

Hace un año mi abuela tuvo que ser hospitalizada de urgencia. Nos dijeron que se moría, pero remontó y se escapó. Eso lo supimos después, pero aquella mañana mi madre me dijo certeramente: »Jose, la abuela se muere». Fue la primera vez que fui realmente consciente de que podía pasar. Finalmente, como he dicho anteriormente, se escapó. 6 meses más pude disfrutarla. ¡Fue un regalo de Dios que me permitió tenerla un poco más a mi lado!

Aquella mañana llegué a casa desconsolado y, como dice Antonio Agredano, ahogué mis penas en el teclado. De aquellas penas salió lo que hoy, un año después, publico; mi primera despedida, no la definitiva, pero si la primera.

Quizás hoy te haya visto por última vez

Hay veces en las que ponerse delante de un teclado es, quizás, lo más duro que una persona puede hacer. Hay veces en las que ponerse delante de un teclado es, quizás, lo más terapéutico que uno puede hacer. Quizás hoy, en mi caso, esto sea duro más que terapéutico, pero me ayuda a respirar y relajarme.

Quizás hoy te haya visto por última vez consciente y preocupada por tu peinado. Quizás hoy haya sido el último selfie que nos hayamos hecho, porque, siendo conscientes, tengo miedo a ciertas fechas y a ciertos meses. Octubre se acerca y el abuelo, tú marido, nos dejó en octubre. Le temo a despedirme de ti, pero quizás hoy lo haya hecho sin que tú fueras consciente de que, ese gel de manos que me pedías para protegerte del bicho, nunca vaya a parar a tus manos de costurera. Quizás mi coche haya servido de último viaje que realizas desde tu casa. Ese coche siempre ha estado a tu disposición, ¿Cuántas veces te he dicho de llevarte a ver a tu Cristo del Consuelo? Nunca quisiste, porque como tú me decías: Nene no voy guapa para que nadie me vea. 91 años y eres tan presumida como cualquier chiquilla de apenas dieciocho años. ¡Fíjate que paradójica que es la vida que ayer te fuiste en ambulancia y te mandaron a tu casa de nuevo, pese a la gravedad de la situación y, seguro que Dios, ese que, según tú, te salvó de caer por las escaleras, quiso que yo fuera el último que tuvo el honor de llevarte de paseo!


Siempre de luto, siempre rezando por todo el mundo, siempre pensando en los demás y siempre preocupada porque tu nieto, este que ahora escribe haciendo de tripas el corazón, nunca le pasara nada cuando se iba con el coche, y, como me dijiste hace apenas un mes cuando vine de viaje: Nene, no quiero que te vayas de viaje porque te echo mucho de menos. Debo reconocerte que si algo me ha frenado a actuar en la vida, viajar o tomar mayores decisiones esa has sido tú.

¡Qué verano este tan extraño! ¿Verdad abuela? No me dejabas ni descansar los domingos, todos los días me querías a la hora de comer, y si a la una no dabas señales de vida, me llamabas una y las veces que hicieran falta para, de manera muy sutil, pedirme que subiera a verte. Todos los días querías que te abriera tu helado de nata cuando comías; todos los días querías que te abrazara al levantarte de la silla para no caerte. ¡Qué verano este tan extraño, pero que bonito ha sido el servirte como a mi más preciado tesoro! El Apóstol Mateo dijo: ‘’ Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir’’ y yo, católico por tu gracia, he querido siempre servirte y estar a tu disposición hasta que partas a la casa del padre. Quizás te vayas como siempre decías: Nene, cuando yo me muera nadie va a ir a mi entierro, porque yo no he ido a ninguno. Fíjate que paradójico que, quizás, una pandemia haga realidad tú presentimiento. Tú, siempre tan beata, de misas los domingos y de cinco rosarios diarios.

Últimamente siempre decías aquello de: que he hecho yo para estar tan sola en estos últimos años de mi vida. Pero, sin embargo, nada te faltó mientras en mis manos estuviera: El pan de cada semana, tus helados, tus huevos con fecha de caducidad que siempre me hacías revisar; o cualquier cosa que olvidabas decirle a mi madre para que te comprara y que me tocaba a mí hacer de mensajero.

Quizás hoy me haya acercado, por última vez, a tu oído para decirte algo por qué no atinabas a entender ni papa. Tenías el oído a medio gas, pero, eso sí, solo escuchabas lo que tú querías, porque enterarte de los tejemanejes que hacíamos sí que te enteraras.

Temo al 8 de septiembre. Mi abuelo, el Sope, tú marido, se fue un 7 de octubre cuando al alba mi Madre de Gracia y Esperanza salió a la calle para llevárselo. Hoy sé que, quizás, mi Madre Celestial, quizás, tenga que volver a venir para llevarte a ti, una de sus hijas más fieles y devotas; pero lo que si sé es que no encontré en la vida mayor tesoro que tu amor, mayor poesía que la de tus ojos, mejores montañas que las de tu cabello y mayor amor que el de tus besos y tus miradas desde la ventana de tu habitación. Esa ventana será la espada que atraviese mi corazón cuando por la Calle Mesones la vida me lleve.

Te quiero, te quise y te querré. Mi Juana.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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