SOBREVIVIR X: Cumplir años en estado de alarma

@JoseMariaCamara

Diez artículos después, terminan mis reflexiones sobre la primera ola y confinamiento del COVID. Gracias por leerme.

Hace tan solo un año tomaba helado en los Valenciano, por la noche, cenaba con algunos amigos en los Patos. Reíamos, bebíamos y nos hacíamos fotos. Hoy la realidad es bien diferente, pero vuelven a estar ellos: mis amigos.

Lo cierto es que nunca imaginé que pasaría un cumpleaños encerrado en casa, no literal, pero si real. Solo he salido esta mañana a misa, a ver a mi mayor regalo y a mi abuela. No imaginé que mi 28 cumpleaños lo iba a pasar de esta forma. He pensado mucho estos días cuanto de diferente podría ser si nada de esto estuviera ocurriendo. Quizás cenaría con mi novia en Local de Ensayo, alguna vez nos lo habíamos prometido, habría vestido con camisa y americana, o quizás habría estado de viaje, al menos el domingo, pero la realidad ha sido bien distinta a la soñada; y es que si el demonio chino nos ha ayudado a algo es a adaptarnos a la realidad y ver la vida de otra forma. Fuera el mirar con perspectiva al futuro, fuera el pensar en lo que harás en ¿un año? ¿Un mes? ¿Una semana? No lo sé, lo que si sé es que me, nos, vemos en la obligación de ir día a día para sobreponernos a esta situación, y es que el virus chino no entiende ni de cumpleaños, santos o fiestas mayores; que se lo digan a falleros, cofrades, festeros etc.

La amistad si entiende de lo que ella misma es. Si algo he valorado a lo largo del día de hoy es la gente que me rodea. Debo confesarles que a las once y media de la mañana ya estaba acojonado; el wasap me marcaba veinti nuevas conversaciones y Facebook noventa y ocho notificaciones, ¡ahí es nada! Pero eso apenas son números, pero números que encierran amistad y cariño, cibernético, pero amistad. Pero, sin lugar a dudas, lo más bonito de todo es ver como la gente te llama y te felicita. Te llama porque se acuerda de ti y quiere recordarte que para ellos eres importante. He agradecido mucho el rato al teléfono con mi amigo el Señor Ganga, o con un sevillano al que una ciezana le robó el corazón. Otros me han pillado viendo futbol y no les he podido coger el teléfono, pero sé que se han acordado de mi, lo que, aunque no lo crean, me emociona mucho porque, realmente, me siento querido, mucho, no les engaño.

Wassap, telegram, Facebook y Twitter son redes sociales, pero lo que más me emociona es ver que, otro año más, los que considero mis amigos amigos, los que siempre están, han vuelto a aparecer, de sorpresa, nos les engaño, pero han aparecido. Ha aparecido Fran, el presi, y ha aparecido Ricardo. Uno me lo he cruzado mientras caminaba, y otro mientras hablaba con el primero sobre la ampliación de capital del Real Murcia; fortuito todo, pero divina improvisación y divina manera de hacerme sentir el más dichoso de los humanos por tenerlos a ellos en mi vida. Hemos llorado, nos hemos enfadado, hemos reflexionado y hemos compartidos muchos cafés en las frías noches otoñales, día tras día nos escribimos, aunque sea una chorrada, pero lo hacemos para saber que todos estamos bien. Fran y Ricardo, Ricardo y Fran son mis amigos, los de siempre y los de corazón, aunque falta la cuarta pata de la mesa, Xandro, ellos son parte de mi y hoy el destino ha querido que aparecieran en este día para recordarme que lo más importante de todo es el valor de la amistad, la querencia y una buena conversación, sea donde sea, y sobre lo que sea.

Me reitero, no me esperaba vivir en mi vida un cumpleaños como este. No me esperaba estar en Estado de Alarma y acojonado por un virus que lleva millones de muertes, pero lo que si esperaba es volver a ser consciente de lo dichoso que soy y de que, pese a todo, en este día no iban a faltar los de siempre. Porque estuvo mi Virgen de Gracia y Esperanza, mi abuela, mis padres, mi hermano, mi novia,  mis suegros, Fran, Ricardo y por supuesto, Cieza y toda esa gente que se ha dignado a perder un segundo de su vida para transmitirme su cariño y afecto.

El COVID-19 asusta, pero con mis amigos hasta el final del mundo si hace falta y sin miedo a nada, más que a perderlos.

Sobreviviré.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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