ARTE SACRO ESPAÑOL: SANTA MARÍA DE LA ALHAMBRA DE GRANADA.

@JoseMariaCamara / @zambudio_a

Otra semana mas volvemos a contar con la inestimable colaboración del profesor D. Antonio Zambudio, que en esta ocasión nos habla de una de las tallas con mayor devoción de Granada; Nuestra Señora de las Angustias de la Alhambra.

NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS DE LA ALHAMBRA.

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Todo gran artista posee en su catálogo una obra cumbre, paradigmática, en la que ha ido mucho más allá en su desarrollo estético y, tratándose de arte sacro, místico. Si hablamos de la escuela granadina, un autor de calidad incuestionable pero no excesivamente conocido fuera del ámbito demográfico andaluz es Torcuato Ruiz del Peral. Ilustre artista, de indudable valor plástico, la pieza en la que llega al culmen de su creatividad y quehacer posiblemente sea Nuestra Señora de las Angustias de la Alhambra.

Este escultor, seguidor de la estirpe de los Mora, alcanza por sí mismo unas calidades primorosas en su desarrollo que culminan en la majestuosa obra que tratamos. La obra, posiblemente, se llevaría a cabo en el periodo central de la carrera del escultor, entre 1745-1750, por encargo de los franciscanos de la Alhambra., cuando Ruiz del Peral se hallaba ya en un momento de plena madurez para configurar una talla de tantos valores expresivos y estéticos.

El modelo iconográfico siempre había estado supeditado a la gran fuerza devocional y popular que poseía la imagen de la patrona de Granada, por ende, resultaba complicado para los escultores introducirse en un terreno que podría resultar un tanto escabroso, ya que el devocionario impuesto alrededor de la imagen referida impulsaba ciertas reservas a la hora de afrontar una iconografía similar.

La efigie de la patrona posee un carácter oferente del cuerpo de Cristo, dispuesto en una especie de mesa ante la imagen de la Virgen, como si se tratara de un altar de sacrificio. Pero Torcuato Ruiz del Peral lleva a efecto una renovación formal al incidir en motivos medievales por los cuales resalta el papel de María como corredentora, estrechando la relación entra ambas imágenes por medio de determinados gestos como la unión de las manos, la mirada que dirige la Virgen a su hijo o la postura adoptada por el cuerpo de Jesús que parece acoplarse al posicionamiento de las piernas de su madre.

La sobriedad y la emoción mística son claves dentro de una configuración piramidal con un claro referente a las composiciones pictóricas de Alonso Cano. El aire de los Mora es cierto que se plasma en los rostros de Cristo y su madre, recuperando en su conjunto valores entroncados con la piedad germánica e italiana. La escena, poseedora de un exacerbado intimismo, suscita la devoción de los espectadores, tanto por el gesto de profundo dolor contenido de María, como por el inestable posicionamiento del cuerpo del Redentor, roto por el castigo sufrido.

En verdad, el misticismo que transmite la imagen, el valor ascético y piadoso que expande, la pone a la altura de las grandes creaciones del barroco español. Su dialéctica plástica busca incidir en la sensibilidad de los fieles, que la acompañan en multitud en la crepuscular y triste tarde de Sábado Santo. Sin duda, una talla que encaja perfectamente en ese día, cuando la nostalgia y melancolía invade el corazón de las gentes sencillas ante la fugacidad de los días recientes y el final de una etapa anhelada por tantos, pero cuyo fin es irremediable.

Antonio Zambudio Moreno

Profesor – Tutor de Historia del Arte del Centro Asociado de la UNED en Cartagena.

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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