@JoseMariaCamara
(Crónica del Día de la Cruz 2024)
Volver por mayo
Hace tiempo que no te escribo, que no te hablo y que no te siento cerca de mí, pero siempre me acuerdo de ti. Me encuentro subido en la ola del día a día. Navego entre el control de las emociones y la ayuda a los demás. Hay quien te necesita más que yo, pero, sin embargo, te quiero para mí. Y hoy te tuve junto a mí, como siempre te sentía cuando vivía su regreso como algo tuyo y mío. La ventana estaba abierta, te esperaba y te vi, o eso quise creer.
Vuelvo a escribirte para contarte que todo sigue igual. Nada ha cambiado. Volvimos a ver al Señor a media tarde. Sonó ‘’Mektub’’ y, efectivamente, estaba escrito que Él volvería a la Ermita en esta tarde esplendorosa de primavera. Todo estaba en orden, todos se entregaron a quien no entiende de distancias, de abandonos, ansiedades, oscuridades ni de desolación, Él es el Consuelo, y eso bien lo sabemos desde pequeños, cuando nos enseñan que nuestro puerto es su bendita cruz. Ayer todos nos miramos en el espejo de la vida cuando vimos a Arturo cogido de la mano de su abuela, pero también nos miramos cuando vimos a esa anciana en silla de ruedas que, sabiendo quién tenía ante sí, sacó las últimas fuerzas de su vida y se persignó ante el que todo lo puede. Y puede porqué Él entiende todo lo que sus hijos sienten. Entiende lo que piensan esas mujeres que esperan el tres de mayo para volver a meterse en la vara, plenas de igualdad y superando estereotipos que deben estar enterrados cuando de Dios hablamos; entiende de tradiciones, como la de Tomás, que saca su sillita de esparto a la puerta de sus padres para seguir viendo pasar, año tras año, al Santo Cristo. Ayer su hermano también estuvo en la vara. Todo ayer tenía una explicación.




