PASIÓN EN CIEZA: VOLVIÓ A SER 3 DE MAYO

@JoseMariaCamara

(Crónica del 3 de mayo de 2023)

Hay un algo que, de manera inexplicable, sienten los ciezanos cuando el Santo Cristo llama a las puertas de su corazón. Durante estos nueve días de novena he observado como las calles cercanas a la Basílica de la Asunción han sido un constante ir y venir de ciezanos que han ido a encontrarse, puntalmente, cada día, con el Faro Luminoso de Cieza. Hoy, ese Faro Luminoso, ha ido a buscarlos a ellos, pero no solo ha ido al encuentro de los que han ido a verlo, sino también de los que no han podido, por enfermedad, por desgana o por Dios sabe qué motivo, pero ahí está la verdadera fuerza de ese imán que no entendemos ni queremos entender los ciezanos. Ahí está la razón que sustenta su devoción. Hoy, tres de mayo, el Cristo del Consuelo ha vuelto a la calle. Ha vuelto para volver, como siempre lo hace, entre pétalos, cantos de alabanza y devoción a la casa que siempre nos recibe con las puertas abiertas, su Ermita. Ahí donde tiene lugar la verdadera procesión de fe y devoción.

Volvió a cumplirse el ritual de un nuevo tres de mayo, según Cieza y su Santo Cristo del Consuelo. Una hora antes, las ancianas avanzaban poco a poco apoyadas sobre sus carritos para ocupar su sitio en la carrera. Los niños volvían a tocar los tambores de plástico que en Semana Santa sonaron hasta la extenuación. Todo era como siempre, y como siempre fue la salida del Señor de Cieza. Sonó el Himno Nacional, las campanas repicaron a Gloria y Dios se hizo presente en las calles de Cieza. Ante una plaza repleta de gente, y con ‘’El Evangelista’’ de fondo, el Santo Cristo del Consuelo comenzó su regreso a su ermita. El trayecto, cercano a las tres horas y media, fue un decálogo de miradas emocionadas, peticiones en silencio y mucho arrojo representado en esa vara de mujeres que, pese a todo, siguen soñando con portar a su Señor, ese que es igual para hombres que para mujeres.

El trayecto que separa la Basílica de su Ermita volvió a ser un mar de devoción que se reflejó en esa hija que le dice a su anciana madre: ‘’ hasta el año que viene, mamá’’ o en esa anciana que, en silla de ruedas, pide caramelos a los anderos –posiblemente su memoria quedó anclada en la Pasión en Cieza. ¡Dichosa ella!- o en esa señora que, tras lanzarle los tradicionales pétalos, se deshace en besos hacia su Señor. Eso es el tres de mayo en Cieza, esa es la devoción de un pueblo que no entiende de kilómetros o estaciones para acudir a su Consuelo cuando la vida golpea e incluso llega a ahogar.

Al filo de las nueve menos veinticinco, se volvió a escribir una nueva página, gloriosa, de las tardes del tres de mayo en Cieza. La Banda Municipal cambió a ordinario y se fusionó con el pueblo. La devoción encontró su letra en el himno del Santo Cristo del Consuelo. El pueblo, como uno solo, llevó en volandas al Santo Cristo del Consuelo hasta su Ermita. Cuando el Sol ya apenas se percibía por Cagitán, la pólvora iluminó el cielo y, junto a los ciezanos, introdujo en el interior de su templo a la sagrada imagen. Todo estaba cumplido. Después de muchos años, volvió a ser tres de mayo en Cieza.

Todo acabó, pero cuando el Señor pasa, solo quedan los recuerdos, las emociones vividas y la niña que sigue llenando la bolsa de los pétalos que su familia le ha tirado al Señor de Cieza. En esos pétalos está la devoción de su corazón, el Santo Cristo del Consuelo.

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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