Como bien sabréis, el pasado domingo, día 26 de febrero, tuve el inmenso honor de dar el Pregón de Cuaresma ’23 en Cieza, mi tierra. En dicho pregón, organizado por la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y Santísima Virgen del Amor Hermoso, pretendí hacer un recorrido por la Cuaresma según lo ciezanos, sus cofradías y sus cofrades. Desde el primer viernes de marzo, cuando el Medinaceli se posa como mariposa en el altar mayor de San Joaquín, hasta el Sábado de Pasión, cuando todo acaba para unos y comienza para otros.
Para lo que no pudisteis asistir, os dejo el texto íntegro por si queréis leerlo, y el video del mismo, cortesía de mis compañeros de Cieza en la Red.
Espero que os guste y gracias a todos por vuestras muestras de cariño y amabilidad.
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Hay un alba diferente cuando el mes de octubre llega a nuestras vidas. Octubre, poco a poco, se despereza en las primeras escarchas de la temporada, en las primeras chaquetas en las calles y en los primeros toques de campana que, cada domingo, anuncian que un nuevo Rosario de la Aurora está en la calle.
Es el ciclo de la vida, todo muere para volver a comenzar y hoy, un año después del último rosario, han vuelto los Hijos de María a la calle para acompañar, como así será durante los próximos domingos, a su titular, Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Atrás ya quedó la multitud, el incienso, su trono de palio, sus manolas y la irrenunciable tarde del Jueves Santo en Cieza según la decimosexta cofradía de la Semana Santa de Cieza. Atrás quedó todo y el todo dio paso, con el devenir de los meses, a un nuevo amanecer donde la quietud de los primeros pasos de un nuevo domingo se suman a los pasos de los anderos que, de parroquia en parroquia, llevan a la Madre del Jueves Santo.
Con la vuelta del Rosario de la Aurora comienza el tiempo del reencuentro, comienza el tiempo donde los saludas irán, sin pausa posible, repitiéndose cada vez con mayor frecuencia. Con la llegada del otoño, el calendario verá como el cofrade comienza a restarle días al calendario, como coge de la estantería EL ANDA y lo devora y, lo que es más importante, como se vuelve a acercar, con sigilo, a sus titulares para preparar la inminente llegada de la Pasión en Cieza. Mientras que eso no ocurre, el mes de octubre será de Rosario, verde esperanza, oración, cruz alzada y sigiloso caminar por las calles de Cieza.
En la época de la inmediatez, donde todo se acelera y nada se detiene, siempre hay un motivo que nos obliga a parar. Siempre hay un algo que detiene nuestros ritmos vitales, y, pese a que la sociedad nos obliga a nunca detenernos, siempre encontramos, al fin y al cabo, un motivo. Ayer, ese motivo fue el Ecce Homo, 50 años en Cieza.
¿Qué más dará que dure cuatro, cinco o seis horas? ¿Qué más dará que la OJE tarde en pasar 12 minutos por delante de ti, si, al final, el ciezano vive para estos momentos, aunque no lo sepa? Al final, la realidad de las cofradías y la clave de la religiosidad popular es esta, la calle. Y en ella, procesionar.
¡Qué decálogo incuestionable de ciezania, temple, elegancia, sentir cofrade y Semana Santa nos regaló ayer la Cofradía de San Juan! Celebrando, nada más y nada menos, que cincuenta años de la llegada a Cieza de, como dijo el Doctor Zambudio, un ídolo, pero un ídolo que encierra en su mirada tantos y tantos secretos que solo Él conoce. No hay más secreto que el secreto que esconde su mirada. Su devoción se asienta en ella, y en ella encuentran el consuelo los hermanos de San Juan, que, pese a no tenerlo por titular, demuestran, cada vez que pueden, que no hay Dios más guapo que el Ecce Homo, SU Ecce Homo, el de González Moreno. Es Él, no hay más ni hubo más ayer. Ya se lo dijo Cristo a Moisés: ‘’Yo soy el que soy’’ Y Él en Cieza es el de los ojos azules, la mirada a la izquierda, el mechón en la derecha y el idealismo por bandera.
Él como motivo principal del rio en el que se convirtieron las calles del Casco Antiguo cuando la OJE puso en el atril ‘’Los Tenientes’’ y los redobles comenzaron a resonar a los cuatro vientos de Cieza, desde la Atalaya hasta la Sierra de Ascoy, desde el Almorchón a la Sierra de la Pila. Todos tenían un punto donde encontrarse junto a los hermanos de San Juan, los ciezanos y todos aquellos visitantes que vinieron a Cieza a conocer como los hermanos de San Juan escribían una nueva página en su historia. Ayer, perfectamente, podía ser Martes Santo o Miércoles Santo, la carrera llena de gente, el aroma a incienso y clavel blanco perfumando los rincones de la memoria y, en las esquinas del recorrido, la madre que enseña a su hija a que, en Cieza, se le mandan besos al Señor, que en Cieza uno se bautiza en la carrera procesional y ante Dios hecho hombre, no en la pila bautismal, sino qué se lo digan a Aitana que, con apenas dos meses, ya vio a su padre con el uniforme de la OJE!, y, como si de una nueva primavera fuera, también cristalizaron los primeros amores ante el imponente decálogo de vanguardismo en el que Juan González Moreno convirtió a su última talla para la Semana Santa de Cieza, El Ecce Homo.
El Diario ‘’Línea’’ recoge en su edición del 31 de marzo de 1972 la llegada a Cieza del Ecce Homo de González Moreno: ‘’ Esta Cofradía saca este año un nuevo paso, un Ecce Homo obra de González Moreno, que desfilará en la procesión- del Prendimiento de la noche de Martes Santo’’.
Cincuenta años después de realizar su primera salida procesional en la noche del Martes Santo, la Cofradía de San Juan Evangelista ha organizado, con el fin de celebrar el cincuenta aniversario de la hechura de la talla, un amplio amalgama de actos que se extenderán durante los meses de octubre y noviembre, actos entre los que se incluyen una salida procesional y una conferencia del Doctor en Historia del Arte, D. Antonio Zambudio. Así, como punto inicial de estos actos conmemorativos, del 2 al 16 de octubre se podrá visitar en la Basílica de la Asunción la exposición ‘’ 50 años de historia’’.
El Ecce Homo en el Taller de González Moreno antes de llegar a Cieza. Foto del Archivo General de la Región de Murcia.
No hay septiembre en Cieza sin romería, y no hay romería sin septiembre en Cieza. No hay más. Es tan simple como ver la devoción de la mujer que, sorda, se mete entre las varas del trono, aún sin colocar dentro de su ermita para, en un acto de devoción, hacerse huracán devocional y ponerle cuatro velitas blancas, de las de toda la vida y, acto seguido, dar las gracias, mirar a la Virgen y persignarse. Todo es tan simple como esa mirada, ese acto de fe y ese agradecimiento, pero en Cieza lo simple se convierte en magnánimo cuando el alba estalla en pólvora que anuncia una nueva Romería; no importa si cae en el tercer domingo de septiembre, como venía celebrándose en los últimos años, o en el cuarto, como se ha hecho este año. No hay razón que lo explique más que lo que el corazón de cada ciezano escribe en renglones rectos cuando toca caminar al alba para ir al encuentro de la del ‘’centro maternal’’.
Septiembre de romería, de pólvora, de misa al alba, de repique de campanas en la Atalaya, de familias caminando tras la Madre, de flores, arco y Buen Suceso. Septiembre de preparar la mochila para subir al monte con la Virgen del Buen Suceso Coronada, cantarle su himno o simplemente extender la devoción, de generación en generación, a quien cada día de nuestras vidas nos protege desde el joyero de la Atalaya que es su diminuta, aunque gigante, en lo devocional, ermita del Collado de la Atalaya, ahí donde la Cruz nos hace reflexionar sobre el devenir de los días.
Hace poco, Bartolomé Marcos, nos decía en la entrevista que nos concedió algo así como que el discurso, si tiene muchas florituras, es capaz de tapar el verdadero significado de la palabra; pues bien, con la Virgen del Buen Suceso Coronada ocurre lo contrario, puesto que, pese a su grandilocuente arco, realizado este año en tonos amarillos a base de margaritas, margaritas pimpon, rosas, lisianthus y solidago, lo que prevalece es Ella y solo Ella, con permiso de los recuerdos, vivencias, emociones y lágrimas que cada uno de los ciezanos, los que pueden acompañarla hasta la Atalaya, y los que no, tienen de cuando la acompañaban con su abuela o sus padres. Hoy esas abuelas, ya de luto y cogidas del brazo de sus nietos, solo consiguen subir, a duras penas, la cuesta de la Ermita. No habiendo mayor recompensa que tenerle frente a frente y, junto a su nieto, lanzarle un beso, quizás el último.
Es indudable que la Dolorosa de Salzillo ha sido el espejo en el que numerosos escultores se han fijado a lo largo de su vida o parte de ella. Autores como Romero Zafra, Castillo Lastrucci, Eslava, Duarte, González Moreno, Sánchez Lozano o, actualmente, los Hermanos Cava, han utilizado en alguna de sus obras el simulacro de Mater Dolorosa según Salzillo como modelo en el que inspirarse. Esta influencia de la Dolorosa que atesora la Cofradía de Jesús de Murcia se ha extendido, como vemos, a lo largo de los siglos y a lo largo y ancho de España. En efecto, el Padre Cué, en su obra cumbre: ‘’ Como llora Sevilla…’’ ubica junto a las Angustias de Valladolid, Granada o Zamora, a la Dolorosa de Jesús, lo que, sin lugar a la duda, nos evidencia la importancia que la imagen que se custodia en el templo privativo de Jesús tiene a lo largo y ancho de España. Esta influencia, como no podía ser de otra forma, se hace presente en nuestra localidad a través de la celebrada reproducción de Dolorosa que González Moreno realizó para la Familia Marín-Blázquez. Así, en esta época de postguerra, Carrillo Marco tampoco escapó al influjo de la Dolorosa de Dolorosas, realizando alguna que otra Dolorosa para distintos puntos de la geografía regional y nacional, destacando los simulacros para Barinas, Albatana o Ulea, aunque esta última bajo la advocación de Soledad.