PASIÓN EN CIEZA: Un nuevo amanecer cada domingo de octubre

@JoseMariaCamara

Hay un alba diferente cuando el mes de octubre llega a nuestras vidas. Octubre, poco a poco, se despereza en las primeras escarchas de la temporada, en las primeras chaquetas en las calles y en los primeros toques de campana que, cada domingo, anuncian que un nuevo Rosario de la Aurora está en la calle.

Es el ciclo de la vida, todo muere para volver a comenzar y hoy, un año después del último rosario, han vuelto los Hijos de María a la calle para acompañar, como así será durante los próximos domingos, a su titular, Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Atrás ya quedó la multitud, el incienso, su trono de palio, sus manolas y la irrenunciable tarde del Jueves Santo en Cieza según la decimosexta cofradía de la Semana Santa de Cieza. Atrás quedó todo y el todo dio paso, con el devenir de los meses, a un nuevo amanecer donde la quietud de los primeros pasos de un nuevo domingo se suman a los pasos de los anderos que, de parroquia en parroquia, llevan a la Madre del Jueves Santo.

Con la vuelta del Rosario de la Aurora comienza el tiempo del reencuentro, comienza el tiempo donde los saludas irán, sin pausa posible, repitiéndose cada vez con mayor frecuencia. Con la llegada del otoño, el calendario verá como el cofrade comienza a restarle días al calendario, como coge de la estantería EL ANDA y lo devora y, lo que es más importante, como se vuelve a acercar, con sigilo, a sus titulares para preparar la inminente llegada de la Pasión en Cieza. Mientras que eso no ocurre, el mes de octubre será de Rosario, verde esperanza, oración, cruz alzada y sigiloso caminar por las calles de Cieza.

El Rosario de la Aurora supone, otro año más, una de las estampas típicas más bonitas de cuantas se pueden ver en Cieza a lo largo del año. En ese piadoso acto, los Hijos de María facilitan el encuentro intergeneracional alrededor de su titular, Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Junto a Ella, cada domingo de octubre caminan los niños, los adultos y los ancianos y, lo que es más importante, en su mirada se ahogan las penas de los que sufren la ausencia de su madre, los que se acuerdan de su abuela y los que buscan discurrir por el valle que tanto necesitan. El Rosario es eso, no hay mucha intriga, es encontrarte frente a frente a María, sacrificar tu sueño por ver su rostro nacarado, romper la tradicional calma de los domingos para, como Hijo de María, ir a su encuentro y mirarla frente a frente con el cariño y el amor que solo un hijo sabe transmitir cuando ve a su madre.

Rosario de reminiscencias que queman en el pecho, lágrimas de recuerdo a quien hace tan solo unos días se fue al cielo de los justos, persianas que se levantan con temor y esperanza para ver a la Virgen, hijas en la misma vara que sus madres para, como si de una plena Cuaresma fuera, llevar a su Madre del cielo, madre que, agarrada a su hija, camina y reza como ha hecho cada mes de octubre desde que era niña, porque octubre es del Rosario y octubre en Cieza lleva el nombre de una cofradía y una Virgen, la de los Hijos de María, la de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza.

Comienza un periplo semanal por las parroquias ciezanas. La cuenta atrás se acelera, no hay tregua que valga, todo comienza a cobrar sentido y los sentidos pronto despertarán.

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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