CIEZA, HOY: Flores, esquelas y muerte

@JoseMariaCamara

Vienen días donde todo gira alrededor de un tema: LA MUERTE. La muerte entendida como el final de un camino que, quizás, nos lleve a otro. Ese otro que, según la concepción que tenemos a día de hoy, necesita tropecientas flores solo una vez al año, el 1 de noviembre. Los panteones de nuestras familiares que ya gozan del descanso eterno se llenan de flores, mientras que, en nuestras casas, nos tomamos unos huesos de santo, en nuestras calles seguimos escuchando el coche de la funeraria y en la Plaza y Mesones, entre otras, vemos las esquelas

Decía un famoso carnavalero gaditano sobre la muerte: ‘’ La muerte es una playa con cara de pena. Desnuda bajo el cielo bailando encendida. La muerte es una lluvia que cae hacia arriba. Y con su pelo largo y su espalda morena. Llevamos esperándola toda la vida’’ La muerte vive estos días el mayor de los homenajes que los ciudadanos le hacemos. ‘’Celebramos’’, si así se puede decir, la llegada de esta a la vida de nuestros familiares o amigos, pero, sin embargo, la muerte da vida a otras cosas, por paradójico que resulte.

Ir en estas fechas a las floristerías ciezanas es un regalo para los sentidos, pese al contexto pandémico en el que nos encontramos, las floristerías se llenan de color y de olores. Yo, amigo de varios floritas a los que admiro y respecto, soy dado a comprar flores todo el año pero, ahora, aprovecho para comprar flores a mis difuntos y, de paso, llevarme un paquetito de lishantus. Estas, junto con margaritas, gladiolos y lilium, entre otras, hacen de las floristerías una paleta multicolor donde, solo por el placer de ver tanta flor agolpada, merece la pena entrar; aunque sea para saludar al floristero y darle ánimo en estos duros momentos que están pasando. Colaboren con ellos, compren sus flores, llenen su casa de vida, color y olor, solo por hacerles sentir importantes y queridos en estos momentos donde sus negocios se tambalean.

La muerte tiene en nuestra localidad su emisario en el coche que pasa cada día por nuestras calles anunciando la partida de uno u otro vecino. Siempre es gracioso, a la par que triste, escuchar ese altavoz con sonido de los noventa, anunciarnos la muerte de un vecino y, previo al nombre, hacer un desglose, uno por uno, de todos aquellos apelativos y familiares que se le conocen al difunto. Ese ‘’coche de los muertos’’ como se le conoce de manera habitual entre los ciezanos, es parte de los sonidos de nuestra vida y, en estas fechas, como durante el año, seguirá recorriendo nuestras calles con su voz que quiebra el cantar de los pájaros y detiene el estrés del día a día, aunque sea por unos segundos.

Flores, esquelas y muerte necesitan su toque dulce, necesitan el sabor que identifique estas fechas en nuestro paladar. Huesos de santo, arrope de calabazate, aunque esto es más propio de la profunda huerta murciana, como a mí me gusta llamarla, llenan estos días nuestras pastelerías de sabor y recuerdos de infancia de los más mayores. La muerte, como vemos, tiene su sabor en estos productos que durante estos días realizan con mimo y cariño los maestros pasteleros de la Región de Murcia, y, por supuesto, los ciezanos no pueden faltar a este aporte dulce a una fiesta que, pese a la desvirtuación provocada por la tradición anglosajona de celebrar Halloween, sigue teniendo un hondo calado en la sociedad española. Una sociedad que con flores, esquelas y dulces recuerda a los que un día partieron a la Casa del Padre, como así creemos los cristianos.

Por último, les dejo con el texto de la última hornacina a los difuntos que se conserva en Murcia: ‘’a las ánimas benditas, no te pese hacerles bien, que sabe Dios si mañana, serás ánima también’’.

Os espero en quince días, mientras sigo observando la vida.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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