CIEZA, HOY: EL FARO DE CIEZA

@JoseMariaCamara

EL FARO DE CIEZA

El reconocido periodista murciano Antonio Botías decía en su Presentación de la Semana Santa de Cieza 2005 lo siguiente: ‘’ La Atalaya, el Castillo y el Cristo de la Ermita, tres cumbres abrazan Cieza, como tres torreones por donde estos días bosteza la primavera. Tres baluartes que, en apenas un mes parecerán inclinarse sobre esta noble ciudad para saborear la más grande gesta que recuerda el mundo. ’’ Y yo añado, y entre estas tres cumbres el Faro de Cieza, nuestro segundo faro, con el pertinente permiso de nuestro Faro por excelencia: El Cristo del Consuelo.

De real construcción y neobarroco estilo es ella. La torre, referencia allá donde caminemos para los ciezanos; señal inequívoca de la ubicación de un casco antiguo de serpenteantes calles y colorados suelos. Es la Torre de la Asunción, el reloj de nuestras vidas. Nuestros bautizos, comuniones, matrimonios, despedidas de seres queridos, e incluso nuestra propia muerte, son anunciados por sus esbeltas campanas que hacen resonar hasta los más alejados campos ciezanos. El Faro de Cieza constituye una verdadera referencia que parece que gira siempre para nunca perdernos la vista. El Paseo Ribereño constituye el mejor ejemplo de esta vigilancia que la torre campanario de la Basílica de la Asunción ejerce sobre los moradores de este tierra murciana.

Si andas por el Paseo Ribereño intenta, deportista ciezano o simple ciezano, mirar siempre hacia el corazón de la urbe que se alza imperiosa sobre las aguas del Segura. Intenta detenerte y buscarla entre ese jolgorio de tejados que, a veces, hacen imposible su visibilidad, pero que siempre, cuando menos la esperas, volverá a aparecer para dejarte claro, con sus ojos y sus pupilas altivas que siempre te vigila; que marca los ritmos de tu vida y que solamente ella puede acelerar o pausar nuestras vidas. Vidas que, desde el lejano siglo XIX penden del hilo del que penden los minuteros de nuestras vidas.

Dos siglos hacen de esta torre uno de los elementos más inalterables y siempre, permanentes, de la Cieza que desde su corazón ha ido extendiéndose más allá de las angostas calles del Casco Antiguo.

Es la torre de la Basílica una real obra, que incluso, cuentan las gentes mayores, guarda los funestos recuerdos de unos tiempos de anticlericalismos, luchas iconoclastas y barbarie. Unos tiempos que fueron imprimidos con fuego de metralla en sus pies. Unos pies que, durante la contienda civil soportaron escenas propias de depravados e incultos, y que hoy dialogan con los sueños de juventud  de esos niños que juegan a sus pies, e imaginan ser algo así como un Messi de la Plaza de la Asunción. Una plaza que en ocasiones se convierte en improvisado campo de fútbol. Desde la antigua, y añorada, Panadería de Pepe de Valentín hasta los pies de nuestra protagonista. Recuerdos de niños pegando patadas a miles de sueños que en Semana Santa se convierten en Prendimiento, recuerdos, lágrimas y sueños cuando al doblar su esquina pasan los tronos por última vez antes de volver a dormir hasta un nuevo amanecer de la Pasión de Cieza.

El Faro de Cieza, nuestro segundo faro, es el mago que hace de los amores imposibles amores posibles, es nuestro médico de cabecera; hace de las peleas reencuentros y hace siempre de modelo para ser fondo en mil y una foto que nos recordarán siempre que nuestra torre de la iglesia es uno de los mejores fondos que podemos ponerle a nuestra vida como ciezanos.

Y siempre será el reloj que nos marque la espera de los motivos que realmente mueven nuestra vida. Cada uno tiene el suyo.

Os espero en quince días. Mientras sigo observando la vida.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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