DIARIO DE VERANO (IV)

Diario de verano (VI)

Despertar

*Todo lo escrito en este post tuvo lugar durante este verano. La realidad ha cambiado. El presente es distinto. Ténganlo en cuenta a la hora de leerlo.

Me dieron las tres y media de la madrugada. Jugaba al Age of Empires. Mi civilización era la inglesa, la del enemigo no la recuerdo, pero jugaba, jugaba sin tiempo y sin prisa. Todo consistía en evadirme.

Hoy quería dormir. Quería dormir mucho, no quería sobresaltos. Dormía como un lirón esta mañana y tapado hasta arriba. A las 10:33 una llamada me entraba en el móvil. No me enteré, dormía plácidamente en mi cama. Total estamos en verano y no tengo planes inmediatos, y tampoco de futuro.

A las 11:00 horas mi madre rompía drásticamente mi sueño. Subía mi persiana y hacia por despertarme. Solo reconocía una palabra de toda la marabunta de sílabas que salían por su boca: ENTREVISTA. No sabía que decía, no entendía nada. Yo solo quería seguir durmiendo, pero de tanto alzar la voz y moverse conseguí entrar en razón. Y entender que el número que me había entrado media hora antes en el teléfono era el de un colegio de Molina al que mandé mi currículum cuando los ánimos por las oposiciones caían en picado. La llamada de mi teléfono había rebotado al de mi madre. Casualmente la presidenta de la cooperativa tenía el móvil de mi madre. ‘’He llamado a tu hijo, pero no me lo coge. Te llamo para decirte que tengo su currículum delante de mí. Lo espero a la una y media para hacerle una entrevista de trabajo’’. Silencio, y seguidamente, el caos. Mi madre me daba órdenes como si me jugara la vida en esta mañana de quince de julio. Dúchate, vístete, despierta, ve con tiempo, ¡ah! Y esa barba la quiero fuera. Ella tiene obsesión por mi barba. No puedo vencerla, se resiste.

Le hice caso y a las doce y cuarenta y cinco, no sin antes recibir otra llamada de mi madre, y su supervisión a mi vestuario, cogí el coche y me fui a Molina. Llegué. El colegio era inmenso. Tanto que no sabía ni por donde, ni como entrar. Un hombre sacaba la basura, era mi oportunidad: ‘’disculpe tengo una entrevista de trabajo a la una y media ¿por dónde se entra?’’ Me indica. Entro a una especie de secretaria. Una mujer me dice que espere, que pronto me recibirá la vicepresidenta. Y efectivamente. En cuestión de unos pocos minutos, solo me da tiempo a poner el móvil en silencio y quitar la app de música, por si sonaba Rocío de Vidriel en plena entrevista, llega la chica. Marian de nombre. Bajita, morena, de buena presencia y bastante alegre. Mientras me conduce a una sala de reuniones hablamos sobre el difícil mes de julio para los órganos directivos de los centros.

Llegamos a la habitación. Una mesa redonda me espera, cuatro sillas, dos vacías y la directora en una de ellas. Se marca una broma, quizás para relajarnos. Hablamos durante media hora de mi currículum, mi experiencia, mis fantasmas del pasado, y lo que será mi nuevo trabajo a partir del dos de septiembre.

Me quedo. Mi mundo se gira 360º grados. Una nueva oportunidad de ejercer se abre ante mí. La Madre Naturaleza, mi Cristo del Consuelo, según mi madre, o un algo superior me han echado un cable.

Regreso a casa, mi madre se vuelva loca, me aplaude la cara, ella dice que cariñosamente, a mí no me gusta. Se lo cuento a la gente cercana y que verdaderamente aprecio. Hago alguna previsión financiera y como celebración voy a bañarme al Club de Tenis. La vida me ha cambiado, parece que vuelve a su senda normal.

Ahora toca disfrutar del verano. El 2 de septiembre debuto en ese centro escolar.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

 

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