PASIÓN EN CIEZA: NUESTRAS CALLES ESPERAN.

@JoseMariaCamara

La vida bien podría resumirse en ese tiempo que transcurre entre el Domingo de Resurrección y el traslado de los Hijos de María. Pasa el tiempo, pasan los días, los sueños, las horas y los tormentos, pero, indudablemente, Cieza sabe esperar a que la cancela del monasterio vuelva a abrirse, suene ‘’Mayor Dolor’’ y la Gracia y la Esperanza inunden nuestra tierra dichosa. Desde Cagitán hasta la Sierra de Ascoy, sin dejar de inundar un solo centímetro de los dones de la que, hace 50 años, salió de las cámaras altas de un templo para pasar a la eternidad siendo MADRE DEL JUEVES SANTO.

Lo anunciaban las nuevas generaciones de anderas que, haciendo a sus madres estallar en un orgullo casi equiparable al del parto, acudían al encuentro de la Llena de Gracia. Lo proclamaba el sacerdote, D. Joaquín Miguel Hernández, a través de la prosa: ‘’Ver su mirada es como ver una estrella fugaz, como un rayo de luz que nos lleva a la eternidad’’, lo advertía el nuevo estandarte de la cofradía, realizado por Arte Sacro Alcántara (Jaén) y lo anunciaba algo tan normal como es el cartel de prohibido aparcar. Motivo: PROCESIÓN. Sobran las palabras al leer tal anuncio.

La jornada de ayer, como de nuevo señalaba D. Joaquín, ‘‘prueba ya las mieles y el anticipo de su semana más grande y más festiva’’ y nos hace ser conscientes de que un nuevo año ha sido tachado del calendario, permitiéndonos, gracias a Ella, volver a sentirnos Hijos de María, de tarja o de corazón. Al final, todos somos de Ella, porque Ella es la que abre las puertas del ciclo pasional que tanto esperamos y es la eterna novicia que hace cincuenta años pasó de ser Rosario a ser Gracia y Esperanza. En esos inicios, en esa transición de gloria a pasión, siempre estuvieron vigilantes las Hermanas Clarisas. Decía Morales Balsalobre, que ‘’en sus manos cabe toda la Semana Santa’’ y habría que añadir, también caben cincuenta años de historia policromada del verde de los olivos y del blanco de la pureza. Ayer los herederos de su legado quisieron ser agradecidos, nombrando Hermanas de Honor 2025 a la comunidad de Clarisas de donde una vez partió su estrella de la mañana para, en la eternidad, ser la monjita más guapa de nuestra tierra amada. Sin las Clarisas nada de esto existiría, no habría Jueves Santo ni traslado ni Rosarios. La nada más absoluta quedaría entre nosotros hasta encontrar algún camino que, en el ocaso de nuestros días, nos llevara hasta sus nacaradas carnaciones.

Imagen en blanco y negro de una procesión religiosa con la figura de una Virgen cubierta por un manto oscuro, rodeada de fieles y decoraciones florales, en un entorno urbano con una señal de tráfico visible.
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PASIÓN EN CIEZA: OCTUBRE VOLVIÓ A CON LOS HIJOS DE MARÍA

@JoseMariaCamara

Sé que estabas, yo sé que tú estabas en Ella; por eso, dos años no son nada si mi puerto es tú mirada y mi consuelo el sentirte cerca.

‘’Tenia cuatro añicos, ella nunca ha visto el Rosario, ella no sabe. Ya le he explicado el Rosario, el mes de octubre y todo eso ‘’ Esta es la transcripción, literal, de un audio que me mandó una madre, muy dormijosa ella, cuando octubre comenzó a despuntar en el rostro nacarado de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. La realidad nos ha demostrado, una vez más, que el rito vuelve a brotar cada vez que la campana de un trono resuena en los corazones de los ciezanos.

Octubre se ha despedido hoy en la imagen de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Un mes donde, cada domingo, la titular de los Hijos de María ha recorrido, una a una, las diferentes parroquias de Cieza. Ha pasado demasiado tiempo sin que los cofrades del Jueves Santo por excelencia, el de mantilla, campanillas, candelería, Calle Mesones y verde esperanza pudieran ver a su Madre iluminada por el astro rey, el Sol.

Octubre volvió a desperezarse cuando la Virgen de los Hijos de María, como popularmente se le conoce, volvió a cruzar el dintel del Monasterio de la Inmaculada Concepción para, sobre su trono plateado, recordarnos tantas y tantas cosas que han pasado a lo largo de estos dos años de espera y dolor. Muchos tuvimos clavado en el pecho la espada del recuerdo de quien, desde pequeño, nos inculcó la ancestral tradición del Santo Rosario; otras personas caminaron poniendo en Ella la esperanza de una pronto recuperación para quien, cada noche, la arropa en la cama.

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