SOLO TE PEDÍ QUE VOLVIERAS

@JoseMariaCamara

Solo te pedí una cosa aquel aciago mes de abril del año que ni quiero recordar. Solo te pedí que volvieras, yo, a cambio, te prometí que te esperaría lo que hiciera falta. Todo daba igual, solo quería volver a sentirte en el calor de la gente, en la dulzura de la torta de pan dormido y en la soledad del recorrido. Solo quería que volvieras. No te pedí más, y, como siempre, me has devuelto el ciento uno por uno de lo que yo te he dado a ti, que es nada en comparación con otra gente. Apenas quedan unas horas, pero, ahora sí, sé que vuelves cogida de la mano de la Dolorosa; en la mirada de Josefa, en los alhelíes de Lola, en la ilusión de Lola y Ana, en la túnica del pequeño Mario, que todavía no tiene claro si es del Nazareno, como su papá, o de los Hijos de María, o en los cubos cuajados de flores de María José, Carmen, Enrique o Marí Carmen; la cuestión es que… por fin… VUELVES.

No te lo voy a negar: te he echado mucho de menos. Te necesito a mi lado. Me has enseñado tus espinas, pero, ¿sabes qué?, en esas espinas aprendí que lo que de ti me gusta es tu interior, la amistad de tres locos que hacemos de las noches caminos por recorrer cuajados de ilusiones, esperanzas y amistad, la pureza de quien te ha soñado cada día de su vida y ahora se encuentra desbordado ante tu regreso. Aprendí que tus espinas solo son ruido, que me alejan de tu verdadera esencia, que no es otra que mirar, frente a frente, a quien en la Semana Santa se refugia, a quien se agarra como si no hubiera un mañana a una simple estampa o a quien, tras la muerte de su hijo, se atornilla a la mano confidente y pisa, por primera vez, la Casa donde los sueños se hacen realidad, la Casa de los Santos.

Hoy volverá a sonar el cornetín de órdenes de la OJE y con él una nueva Semana Santa irrumpirá en nuestros corazones. Una nueva Pasión en Cieza nos tocará el corazón, una y mil veces, y nos enseñará que, quien confía, triunfa, quien sueña, despierta para ver como ese sueño se hace realidad, que, quien espera, al final tiene la recompensa esperada porque, ante todo, hoy vuelves a nuestra vida, si alguna vez te fuiste en estos dos largos años de pausa que nos han enseñado tantas y tantas cosas en la soledad del recorrido procesional vacío, en la ausencia del rechinar de la cera, en la falta del abrazo emocionado a la vara, en el silencio rotundo del redoble que no sonó o en la percha que, después de dos años, todavía sigue soportando el peso de la túnica que, rota a jirones, espera el momento exacto de volver a ser puesta y ser la piel de quien sueña con una nueva Luna de Parasceve en la lejanía del otoño, en el tiempo muerto del verano o en los momentos de caída de la vida diaria.

¿Sabes? Me alegro mucho que vuelvas, ¡no sabes cuánto! Me alegro de que vuelvas para volver a consolar a los ancianos, para iluminar la cara de los niños o para, quien haciendo su propio Vía Crucis de la enfermedad, necesita mirarte frente a frente y pedirte el consuelo que en el día a día necesita. Vas a volver con muchas ausencias, nos han hecho mucho daño tantas partidas sin volver a ponerse la túnica, pero, en el fondo, sabemos que, cuando vuelvan a sonar Los Dormis y la Burrica de paso a la primavera soñada, justo en el momento en el que cruce el Paseo, ellos estarán con nosotros caminando a paso ordilento, mirando a nuestras imágenes o susurrándonos al oído, bajo el capuz, que no nos dejarán ni un minuto solos.

Te he esperado, y ahora solo puedo decir que vuelves, A Cieza, por su Semana Santa.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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