ESCULTURA SACRA:EL SANTO ENTIERRO PARA LA COFRADÍA MARRAJA DE CARTAGENA.

@JoseMariaCamara / @zambudio_a

Cerramos este año las colaboraciones del profesor D. Antonio Zambudio con una obra fabulosa de González Moreno. Broche de oro al segundo año de colaboraciones con este blog. De nuevo mis reiteradas gracias D. Antonio por tu colaboración con este blog.

Que lo disfruten.

EL SANTO ENTIERRO PARA LA COFRADÍA MARRAJA DE CARTAGENA.

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En la Región existe una ciudad a nivel pasionario que siempre intentó ir a la cabeza en cuanto a la renovación de sus tallas procesionales conforme a los presupuestos más contemporáneos. Esa ciudad es Cartagena, donde la Cofradía Marraja ya contó, en el año 1925, con la figura del rupturista José Capuz Mamano a la hora de transformar sus imágenes y ponerlas a la altura de la entidad y prestigio de sus desfiles de semana santa. A la estela del artista valenciano, dentro de dicha entidad, figura la personalidad de Juan González Moreno como ese otro artífice que configura la superación de los iconos del dieciocho en lo que respecta al grupo de escultores murcianos que recuperaron en gran medida el patrimonio perdido durante los años bélicos.

Y como culminación a ese proceso creativo de innovación artística que se da en la obra de González Moreno, en lo que a escultura procesional se refiere, tal vez la escena del Santo Entierro para la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno, vulgo Marrajos, sea el punto preciso y prominente en el camino emprendido por este artista. Un grupo cuyo encargo se llevó a efecto en el año 1956 gracias a la labor de tres preeminentes cofrades marrajos y la colaboración de la Caja de Ahorros del Sureste de España, que gestionaron la acción y cuantía del inmenso conjunto.

Todo ello, facilitó que la cofradía marraja pusiera en la calle la noche de cada Viernes Santo, desde el año 1958, una de las creaciones plásticas de índole religioso más interesantes de todo el panorama nacional en el siglo XX, cuestión que resulta evidente si se analiza con pormenorizado detalle toda la obra.  Y es que, en ella, González Moreno plasmó todo su saber, el conocimiento que progresivamente había ido adquiriendo durante todo su proceso de formación que incluía estancias en Italia y Francia, experiencias que supusieron para él la asunción y la comprensión de nuevas perspectivas, muy distintas a lo que le ofrecía la estatuaria local.

Y todo ese discernimiento adquirido en sus estancias en el extranjero, en contacto con las obras de los grandes artistas del Renacimiento Italiano y con aquellos maestros surgidos a orillas del Mediterráneo tendentes a la renovación clásica como Arístedes Maillol en Francia, más su aprendizaje con Clemente Cantos en Murcia, queda materializado en este Santo Entierro bajo una dialéctica de índole clasicista impregnada de dosis de modernidad.

El grupo, compuesto por seis figuras, posee la raigambre más plenamente renacentista en las imágenes que sirven como punto de referencia de todo el conjunto, como son las de Cristo muerto sostenido por José de Arimatea y la propia talla de la Virgen, que en gesto piadoso tiende a integrarse plenamente en este subgrupo central de tendencia miguelangelesca, en un claro recordatorio de la Piedad Florentina o Piedad Bandini, ubicada en el Duomo. Todo es quietud y silencio, en un pleno ejercicio de introspección y espiritualidad religiosa.

El donatelliano San Juan, poseedor de la firmeza, porte y severidad del gran artista florentino precursor de Miguel Ángel, surge de la escena principal del enterramiento para posar su mirada con el sujeto contemplativo y dar pie a un diálogo con éste, introduciéndolo de lleno en la trascendencia del hecho representado: el entierro del Mesías. Es la imagen que introduce la forma abierta en la obra, dotando al espectador de un papel participante en el desarrollo narrativo de lo que acaece sobre el trono.

 Por otro lado, a los pies del Sepulcro, González Moreno plasma el drama y la expresividad en la figura de la Magdalena, dando entrada así a los esenciales preceptos de la piedad hispana inserta en la tradicional imaginería religiosa patria, en una actitud que recuerda a las actitudes de algunos personajes femeninos de los monumentos funerarios del siglo XIX. Nicodemo, a su vez, es poseedor de una mayor contención expresiva enmarcada bajo un elegante ademán por el cual se presta a recoger el cuerpo inerte de Cristo.

Destaca el perfecto acabado de las imágenes en base a una policromía sabiamente dispuesta, cuyos plegados son estudiados hasta el más mínimo detalle, mostrándose en consonancia con la entidad del tejido representado y en plena afinidad con el movimiento corporal de la imagen, buscando en todo instante la plena adecuación estilística con el discurso plástico que José Capuz Mamano había introducido en la procesión de Viernes Santo noche, no separándose de la línea marcada por el gran escultor valenciano en unos parámetros clasicistas alejados de la grandilocuencia barroca en una configuración de tintas planas que recuerda al cuadro “Traslado de Cristo muerto”, obra de Rafael de Sanzio en 1507, ubicado actualmente en la Galería Borghese en Roma, tal y como refirió en su momento el profesor Germán Ramallo Asensio.

En resumen, un grupo procesional que cuenta con los elementos más suntuosos y representativos del arte clásico italiano, aderezados con la dramática expresividad hispana y ataviados con reminiscencias de la modernidad plástica de su tiempo y, por ende, alejado de toda raigambre salzillesca, pues como dijo el artista en unas declaraciones realizadas a la Revista Hispania en su nº 256 de septiembre de 1952: “El ideal escultórico de Salzillo está muy lejos de mi tiempo. Las influencias de tipo universal son bien distintas a las suyas. El ideal en escultura no es el mismo. Así es que este maravilloso maestro no ha sido mío, y creo más bien que la influencia de mi obra arranca de la misma raíz que arrancó su genial personalidad: el paisaje, la luz, el color de este pueblo que es el suyo”.

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Antonio Zambudio Moreno

Profesor de Historia del Arte en el Centro Asociado de la UNED en Cartagena.

José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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