Los Niños de segunda mano.
Es momento de regresar. Es momento de volver a las ciudades. Los pueblos pierden muchos habitantes, o visitantes. Algunos vuelven a ser asaeteados con las flechas del olvido, la despoblación y la penumbra. Las playas pasan a un segundo plano. Todo vuelve a la normalidad, incluso esos niños que juegan aislados de un mundo que va contra natura. Dos árabes y un chino son los niños de segunda mano, los que juegan cada día en la calle para evitar ser de este mundo.
El verano ya ha tocado a su fin. Ha sido un verano donde informativamente ha habido un claro protagonista; el Open Arms. Ese barco nos mostró la cara más triste y descorazonadora de nuestra sociedad. Personas sin rumbo, sin destino, sin bandera ni país arrojadas a la mar por los demonios, uno de tantos, de nuestro siglo. El Open Arms nos hizo reflexionar sobre a dónde va la sociedad, sobre la lacra de la inmigración, y sobre el futuro que le espera a millones de niños que ven como sus padres tienen que huir de su país por diversas cuestiones. El Open Arms ha enmascarado las tragedias del día a día. Tragedias no solo personales, sino también morales y éticas. La sociedad se deshumaniza a pasos agigantados. Ahora todo está en las redes sociales, en el aparentar y en el presente. No hay futuro, no hay pasado. Solo presente.
Hace poco le leía a Carlos Pardo la siguiente frase: ‘’mucha gente no valora ya, con tanto internet y tantas redes sociales, la importancia del silencio, la belleza de los rayos del sol al caer la tarde, el sabor de la miel pura. ’’ Tiene razón, pero yo este verano he encontrado la esperanza en tres niños. No todos somos iguales.
Cada mañana me los he encontrado. Fuera la hora que fuera, ahí estaban ellos. Son los niños de la segunda mano, y no es que sean niños adoptados, sino que son el fruto de unos padres que tuvieron que dejar su tierra para buscarles un mundo mejor.Leer más »