@JoseMariaCamara
El papa Alejandro VII señaló en el siglo XVII, y previamente a la instauración del dogma de la Inmaculada Concepción: «Antigua por cierto es la piedad de los fieles cristianos para con la santísima Madre Virgen María, que sienten que su alma, en el primer instante de su creación e infusión en el cuerpo, fue preservada inmune de la mancha del pecado original, por singular gracia y privilegio de Dios, en atención a los méritos de su hijo Jesucristo, redentor del género humano, y que, en este sentido, veneran y celebran con solemne ceremonia la fiesta de su Concepción».
Ese primer instante de su creación, que es en sí mismo el de la concepción de la Santísima Virgen María, es lo que cada ocho de septiembre Cieza celebra junto a su Madre, la Santísima Virgen del Buen Suceso Coronada, Patrona de Cieza.
En una tarde más propia de los meses centrales del verano, los ciezanos volvieron a subir a la Atalaya para abrazar la talla de González Moreno y, como marca la tradición, devolverla a sus raíces, que no son otras que su pueblo, ese que por patrona la tiene.
Al filo de las cuatro y media de la tarde, los rayos incesantes del sol volvían a bañar el rostro de niña de la Patrona de Cieza. Vestida con los colores inmaculistas, blanco y azul, enmarcada por un arco floral en tonos rosáceos confeccionado a base de claveles, lilium, alstroemeria y rosas, y coronada con la corona de su coronación canónica, la talla, acompañada por los anderos de las cofradías ciezanas y devotos, se dispuso a caminar presta por los senderos que conducen a su pueblo.


