PASIÓN EN CIEZA: YO SOY, ECCE HOMO

@JoseMariaCamara

En la época de la inmediatez, donde todo se acelera y nada se detiene, siempre hay un motivo que nos obliga a parar. Siempre hay un algo que detiene nuestros ritmos vitales, y, pese a que la sociedad nos obliga a nunca detenernos, siempre encontramos, al fin y al cabo, un motivo. Ayer, ese motivo fue el Ecce Homo, 50 años en Cieza.

¿Qué más dará que dure cuatro, cinco o seis horas? ¿Qué más dará que la OJE tarde en pasar 12 minutos por delante de ti, si, al final, el ciezano vive para estos momentos, aunque no lo sepa? Al final, la realidad de las cofradías y la clave de la religiosidad popular es esta, la calle. Y en ella, procesionar.

¡Qué decálogo incuestionable de ciezania, temple, elegancia, sentir cofrade y Semana Santa nos regaló ayer la Cofradía de San Juan! Celebrando, nada más y nada menos, que cincuenta años de la llegada a Cieza de, como dijo el Doctor Zambudio, un ídolo, pero un ídolo que encierra en su mirada tantos y tantos secretos que solo Él conoce. No hay más secreto que el secreto que esconde su mirada. Su devoción se asienta en ella, y en ella encuentran el consuelo los hermanos de San Juan, que, pese a no tenerlo por titular, demuestran, cada vez que pueden, que no hay Dios más guapo que el Ecce Homo, SU Ecce Homo, el de González Moreno. Es Él, no hay más ni hubo más ayer. Ya se lo dijo Cristo a Moisés: ‘’Yo soy el que soy’’ Y Él en Cieza es el de los ojos azules, la mirada a la izquierda, el mechón en la derecha y el idealismo por bandera.

Él como motivo principal del rio en el que se convirtieron las calles del Casco Antiguo cuando la OJE puso en el atril ‘’Los Tenientes’’ y los redobles comenzaron a resonar a los cuatro vientos de Cieza, desde la Atalaya hasta la Sierra de Ascoy, desde el Almorchón a la Sierra de la Pila. Todos tenían un punto donde encontrarse junto a los hermanos de San Juan, los ciezanos y todos aquellos visitantes que vinieron a Cieza a conocer como los hermanos de San Juan escribían una nueva página en su historia. Ayer, perfectamente, podía ser Martes Santo o Miércoles Santo, la carrera llena de gente, el aroma a incienso y clavel blanco perfumando los rincones de la memoria y, en las esquinas del recorrido, la madre que enseña a su hija a que, en Cieza, se le mandan besos al Señor, que en Cieza uno se bautiza en la carrera procesional y ante Dios hecho hombre, no en la pila bautismal, sino qué se lo digan a Aitana que, con apenas dos meses, ya vio a su padre con el uniforme de la OJE!, y, como si de una nueva primavera fuera, también cristalizaron los primeros amores ante el imponente decálogo de vanguardismo en el que Juan González Moreno convirtió a su última talla para la Semana Santa de Cieza, El Ecce Homo.

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PASIÓN EN CIEZA: LA SEMANA SANTA DEL PUEBLO

@JoseMariaCamara

La última vez que los ciezanos vivieron una Semana Santa en las calles, Alfonso, Julia, Francisco, Mateo, Jaime, Elena, Arturo o Mario apenas tenían unos años de edad, otros ni siquiera estaban en este mundo. Sin embargo, todos hemos mirado como ellos lo han hecho a la Semana Santa que se ha ido, desde la pureza y la sorpresa. Ante nosotros se ha desplegado una Semana Santa arrebatadora, incontrolable y pasional como pocas se recuerdan. Alfonso, Julia, Francisco, Mateo, Jaime, Elena, Arturo o Mario apenas son esos niños que en esta Semana Santa nos han enseñado a mirar, sentir, disfrutar y ver todo como si fuéramos niños en la Noche de Reyes, pero, con la diferencia de que nosotros ya sabíamos que iba a ocurrir a cada momento, sin embargo, y pese a lo previsible de la situación, el pueblo de Cieza, siempre él,  hizo de las calles su casa, de los reencuentros sus momentos más esperados y de las procesiones un sueño del que nunca despertar.  Eso sí, como estaba estipulado, la larga espera acabó a las diez de la noche del Viernes de Dolores en el reloj del Convento de San Joaquín y San Pascual y en los acordes de ‘’La Dolorosa de Cieza’’ del inconfundible, García Alcazar. Ahí, los 1000 días de espera se desvanecieron y solo quedaron como una historia más que contar. La Semana Santa 2022 estaba, por fin, en las calles de Cieza.

Semana de reencuentros, de realidad, de pasos dormidos en el compás de la marcha procesional, el abrigo de la vara, el olor a flor y el bullicio del recorrido procesional. Semana Santa del pueblo que con su presencia evidenció que en Cieza la Semana Santa es punto y aparte, que, pese a la ausencia, había generaciones enteras deseosas de encontrarse con ella frente a frente en San Sebastián, Paseo o Cánovas del Castillo. Semana Santa esta que se nos ha ido cargada de novedades, momentos para no olvidar y derribamiento de muros que, pese al siglo en el que nos encontramos, todavía estaban sin romper, pero, tras dos años de espera, nada ha conseguido frenar la ilusión de quienes, en el silencio del otoño, soñaron con volver a vivir una nueva Pasión en Cieza, mejorada, real y en las calles.

El Viernes de Dolores llegó evidenciado que, por fin, estábamos de vuelta. El cornetín del Moya volvió a sonar y la Semana Santa se abrió de par en par en la Calle del Hoyo. ‘’Otro año más’’ se escuchaba de esquina en esquina, los abrazos, los reencuentros y las vueltas a Cieza por su Semana Santa nos certificaban que era el momento de volver a las calles. El cortejo de la Dolorosa ya nos avisó de lo que se nos venía encima, y es que esta Semana Santa ha sido la de los cortejos extensísimos, la numerosísima presencia de gente en la calle, pero también la de la excesiva duración de las procesiones, producidas en algunos momentos por cortes entre hermandades o parones que llegaron a desesperar a los espectadores. Este es un punto a analizar en la calma de los 348 días que nos esperan. Nos encanta la Semana Santa, pero también nos gusta la fluidez en los cortejos y esperar lo justo para enmudecer ante una u otra imagen.

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