PASIÓN EN CIEZA: GUAPO, TE QUIERO

@JoseMariaCamara

No nos hace falta mirarte para saber cómo es cada centímetro de tu piel. No nos hace falta hablarte para que nos escuches, como tampoco hace falta pedirte nada, porque siempre nos lo das todo. En ese manantial de pétalos que caían desde los balcones de la carrera quedamos prendados los ciezanos cada vez que vuelves al puerto en el que el ciezano siempre quiere atracar y, después de dos años, volvimos a celebrar, como solo los ciezanos sabemos, a paso lento y cantando tu himno, tu regreso a nuestra casa, la casa de los ciezanos, tu ermita.

Hoy no era la fecha del regreso. Hoy debía haber sido una tarde normal, pero las calles de Cieza nos contaban otra historia. Nos contaban una historia de devoción, pétalos, sentimiento, miradas bañadas en el agua de la devoción, preguntas inocentes y marchas procesionales. Hoy el Santo Cristo del Consuelo volvía a su ermita, no era 3 de mayo, pero: ¡qué más dará! Si el Cristo del Consuelo iba a estar en la calle, cuando las campanas repicaban a gloria pasadas las seis y media de la tarde. Tarde de reencuentros, de sabor añejo, de miradas a los balcones, de plegarias en silencio, de redoble lento y marcha procesional que suena a abril pasado, tarde de Camino Madrid y tarde de explicar tantas y tantas cosas a quienes nunca conocieron como Cieza devuelve, en loor de multitudes, su faro luminoso a su cumbre airosa.

La tarde de hoy se vistió  de lo que siempre se entendió en Cieza que era el 3 de mayo: pétalos por doquier en Buitragos, El Evangelista para doblar a Cid, la música del Maestro León en el Camino Madrid y la Cruz de su hermandad en Mesones. No hay mucho más que contar, porque, seguro, querido lector, que usted  conoce mejor que yo lo que esta tarde se ha vivido en el recorrido procesional.

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