PASIÓN EN CIEZA: Y sonó ‘’Caridad del Guadalquivir’’ en la Calle Diego Tortosa

@JoseMariaCamara

Llevaba unos días con un pensamiento en la cabeza. Sentía que algo renacía en mi interior, que volvía a brillar la luz que durante tantos años me dio su calor y su luminosidad en la oscuridad. Solo un pensamiento en mi cabeza: ‘’ Hemos vuelto a la vida’’ y: ¿Qué es la vida sin una Madre llenando de esperanza la noche ciezana?

¡Corre, corre, qué no llegamos! Las calles veían asombradas como volvían a ser pisadas por pasos acelerados que solo tenían un punto en común y muchas cosas que contar. ¡Corre, corre, qué ya sale! A las diez de la noche sonaba ‘’Mayor Dolor’’, el silencio rompía los recuerdos, todo se volvía a detener, todo volvía a traernos al mismo lugar que tantas y tantas veces hemos visitado, pero sin la certeza del regreso. Toque de campana y las emociones se desbocaron; no hacía falta oír hablar a nadie, solo hacía falta detenerse un segundo y mirar a los ojos a la gente. Sus ojos hablaban, te contaban historias, pero, sobre todo, te transmitían la ilusión por el regreso, la ilusión por volver a ver un paso en la calle, porque, si algo tuvimos durante estos años de ausencia, esa fue la ESPERANZA de volver a vernos bajos las andas, con una vela en la mano o en las aceras del recorrido procesional.

Con la ESPERANZA volvimos a sentir que la vida se detiene en el sueño infinito que transcurre entre el cambio de pie de una andera, una hija de María, y el sonido de la marcha procesional que ‘’No Tenemos Prisa’’ consigue elevar, a cada compás, a la categoría inalcanzable de excelsitud. La música es un elemento insalvable de nuestros cortejos procesionales, como también lo son los niños de los tercios infantiles. Una vez escuché en la voz de María Luisa, y en la palabra de poeta de Enrique Centeno, una frase que ayer volvió a cobrar vida, la misma decía: ‘’ romperse el alma, si hace falta, por la ilusión sagrada de los pequeños’’ Ayer esa ilusión volvió a dibujarse en sus miradas, en sus manos y en sus gestos. Los niños volvieron a colarse en nuestros corazones, algunos conocieron, por primera vez, que era eso de ponerse la túnica; Mario bien lo sabe, que, con apenas 4 años, ayer vivió, por primera vez, lo que sus padres tantas veces le han contado. Ayer no hizo falta hablarle de nada, sus ojos descubrieron que la grandeza de la Semana Santa de Cieza reside en días como los de ayer.

Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, estrenando traje de hebrea, volvió a  sentenciar a cada paso que sus anderas, dirigidas por María Turpín, dieron. Nos sentenció al final del dolor, nos sentenció a quererla, a mirarla a los ojos y a decirle, una y mil veces, que en Ella reside nuestro corazón, nuestra razón y nuestra devoción. En Ella volvió a brotar ayer una nueva primavera cuando cruzó el dintel del Convento de las Madres Clarisas para, como lo hacía cada primavera, anunciar al mundo que todo se acelera al compás del primer redoble de tambor que suena en su traslado procesional. No hay nada que hacer, es imparable, los Hijos de María han marcado el camino a seguir. Elegantes, con rotundidad, solemnes y con María siempre como arca donde guardar sus corazones, sus recuerdos y sus sentimientos.

Volvimos, sí, por fin. Volvimos a ver a Paco, El Cebollo, mirar a su Madre desde la lejanía, volvimos a ver a los ancianos sentarse en las sillitas para ver pasar a quien, en la soledad de sus horas de ausencia, tanto les escucha, volvimos a callejear  por el casco antiguo para enfrentarnos a Ella una y mil veces, volvió a sonar ‘’Caridad del Guadalquivir’’ en la Calle Diego Tortosa,  volvimos a ver a los papas explicarle a sus hijos que era lo que antes sus ojos se desplegaba, volvimos a ver la Calle Mesones abarrotada de público expectante que, ni con unas malditas gotas, se movió un centímetro hasta que los Hijos de María no pusieron en la calle a su Madre, y, junto a su Madre, la que durante tantas noches veló porque nada le faltara, nada le preocupara y nada le doliera; María Ginesa Martínez Villa, presidenta de la cofradía desde 2009 hasta 2011, y, desde ayer noche, Hermana de Honor 2022 de la que es su cofradía y la de su familia.

Citó Rafael Salmerón Pinar en El Anda de 2011 una frase de Kavafis que yo hoy me permito citar para cerrar esta crónica: ‘’ Ten siempre a Ítaca en la memoria. Llegar es nuestra meta’’ Y ayer, nuestra meta soñada, fue alcanzada al volver, por fin, a ver una cofradía en la calle, escuchar una marcha procesional a la vera de los grandes amigos y mirar a los ojos la devoción de nuestro corazón, Nuestra Señora de Gracia y Esperanza.

‘’En mi corazón está ELLA’’

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José María Cámara Salmerón

Cofrade y Soñador

17/5/13

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